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Economia

No hay patriotismo al ahorrar: revelan cuántos miles de millones de dólares tienen los argentinos en el exterior

Los argentinos tienen más de u$s336.000 millones en dólaresdepósitos en moneda extranjera en bancos del exterior o fuera del sistema financiero local, propiedades e inversiones afuera.

El dato surge de la estadística del INDEC correspondiente al tercer trimestre del 2020 y refleja un aumento de u$s12.000 millones en el último año en esos fondos.

Un año atrás, sumaban u$s324.165 millones: en los últimos tres meses, el incremento se debió sobre todo a los depósitos fuera del sistema. Desde 2015, la dolarización aumentó en unos u$s100.000 millones y llegaron al récord de u$s336.224 millones, en septiembre último.

Esa cifra representa más de ocho veces las reservas brutas declaradas por el Banco Central que, al 30 de septiembre, sumaban U$S 41.379 millones. Es un proceso de dolarización que lleva varias décadas, según especialistas.

Las cifras del INDEC surgen de los movimientos de la compra-venta de moneda extranjera del sistema bancario y financiero. También de la entrada y salida de fondos y capitales que se cursan a través del Banco Central.

¿Por qué fugan los que fugan?

Una búsqueda de rentabilidad, un intento de estar al margen de los sobresaltos que la economía argentina tiene o una manera de diversificar cartera. Todos estos pueden ser fines de la fuga de capitales. “Cualquier persona que tenga un excedente financiero grande y quiera diversificar su cartera de activos compra activos de diferentes partes del mundo”, explica Estanislao Malic, economista y director del Fondo de Inversiones Carlos Pellegrini.

Agrega que el 90% de los intercambios del mundo se hacen en dólares, por lo que la elección de comprar dólares implica “el acceso a la principal institución monetaria mundial” y asegura que, hoy, el poder de Estados Unidos se basa en su hegemonía monetaria.

En igual sentido, Zeolla sostiene que este tipo de comportamientos no pueden entenderse al margen de nuestra historia. No nos olvidemos que en Argentina tuvimos períodos muy largos de inflación. En la década de 1970 y de 1980 hubo promedios anuales de 400%. Vivimos dos hiper seguidas en 1989 y 1990.

Asimismo, se produjeron grandes quiebras en el sector bancario, lo que implicó perjuicios para los ahorristas que tenían su plata en las entidades. “Así pasó en los ‘80 con el caso del Banco de Italia y todos los que vinieron después. En la década de 1990, con el caso del Banco Mayo también. Y en 2001, tuvimos el corralito”, rememora Luzzi. Eso hizo que el temor a lo que puede pasar cuando se mantiene el dinero en las entidades financieras locales sea grande.

Sin embargo, el economista sostiene que “la voluntad dolarizadora de la economía argentina es compartida por otros países de ingreso medio, como el caso de Turquía, por ejemplo”. Malic comparte esta postura y apunta que “la fuga de capitales no es un gen argentino, sino una condición estructural de un país periférico”, aunque tiene características locales, como la parcial dolarización del sistema bancario y las cajas de seguridad como destino.El dólar, uno de los instrumentos más elegidos a la hora de tener ahorros fuera del país

¿Cuándo comenzó la partida de capitales al exterior?

En cuanto a los orígenes de esta práctica, Malic cuenta que “desde siempre se fueron capitales al exterior”. Luzzi coincide con Zeolla al señalar que “mantener patrimonio fuera de la Argentina siempre estuvo al alcance de los sectores sociales más altos porque requiere tener los conocimientos necesarios para hacerlo y estar inserto en los circuitos adecuados para poder hacer circular el dinero fuera del país”.

Al respecto, el economista observa que, desde el gobierno de Bernardino Rivadavia (1826-27), cuando la Argentina aún no existía como tal sino que eran Las Provincias Unidas del Río de La Plata, en adelante el país tiene un comportamiento repetitivo de endeudarse con el exterior para financiar la fuga de capitales interna o externa.

Y, en una línea histórica coherente con Malic, la socióloga y profesora adjunta en la Universidad Nacional de General Sarmiento indica que el inicio de este tipo de prácticas se remonta a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la elite argentina terrateniente tenía propiedades en Europa y pasaba una parte del año allí, principalmente en París. “Eso implicaba que tuvieran una parte de su vida en ese continente y, si bien es una costumbre que usualmente se piensa más en clave cultural, venía de la mano de tener capital en Europa y mover dinero de una plaza a la otra”, relata.

“La preferencia de las distintas modalidades va cambiando a lo largo del tiempo y, sobre todo, muta lo que se vuelve accesible para un cliente financiero menos sofisticado”, afirma. Es así como, en un primer momento, la hegemonía monetaria la tenía Inglaterra con la libra, que junto con el oro lideraba el ranking de preferencias, pero luego se corrió hacia Estados Unidos y el dólar.

Un fenómeno ochentoso

“En los últimos 40 años, se ha vuelto más frecuente que una población que no forma parte de la elite (clase media-alta profesional) empiece a colocar su capital en Uruguay, donde se puede abrir fácilmente una cuenta en dólares sin ser residente a fin de mantener el dinero a salvo de los vaivenes de las finanzas nacionales”, escribe Luzzi. Así, por esos años, ese recurso que hasta entonces era exclusivo de sectores altos con gran involucramiento financiero, se volvió un poco más masivo.

La socióloga cuenta que la relación entre la plaza financiera uruguaya y la argentina se remonta a los años ’60 y se afianzó en la década siguiente. Vino de la mano con que, por esa época, la elite porteña encontró en Punta del Este “el” gran lugar de veraneo y de inversión para ese disfrute.

No es hasta 1980 que la clase media alta se suma a esta tendencia porque, según explica Luzzi, “Uruguay era –y sigue siendo- el off shore a mano y más barato”. Sólo hace falta tomar un ferry e ir a Colonia o Montevideo, poner la plata en un banco local y volver en el día. Si bien una versión más compleja que algunos eligen es abrir, a través de su banco local, una cuenta en Nueva York, esto tiene otro costo al igual que las inversiones inmobiliarias en Miami, que tomaron dinamismo en las últimas décadas.

Hacia dónde vamos

Ante este panorama, Zeolla plantea que deberíamos plantearnos como sociedad “qué hacemos con el excedente argentino“. Se pregunta si lo que queremos es que la fuga nacional termine financiando a los gobiernos de otros países. En caso de que la respuesta sea negativa, confía en que, si bien no se puede cambiar esta tendencia de un día para el otro, hay que ir en ese sendero.

Para ello, Malic sugiere algunas soluciones posibles, como implementar herramientas que les garanticen a los argentinos su poder de compra a través del tiempo e iniciar el camino hacia la pesificación de la compraventa de inmuebles y algunos bienes como autos de lujo que hoy están dolarizados. “El tener un mercado bancario es una barbaridad, el estado se tiene que ir adaptando a fin de generar moneda estable y restringiendo el nivel de competencia de otras divisas“, concluye.

Todo esto, debería ir acompañado, sin dudas, de un fortalecimiento del mercado de capitales, crear herramientas de ahorro con incentivos de precio y culturales y una fuerte pata en la educación financiera de los sectores medios y bajos. Sin dudas, se requiere un plan certero en ese sentido porque, tal como lo advierte Zeolla, “ningún país del mundo soporta 6 puntos de su PBI de fuga de capitales”, como sucedió hasta hace poco en Argentina.

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