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Sociedad

Vacunación anticoronavirus con una sola dosis: lo atamos con alambre

Se entiende la desesperación de las autoridades ante la falta de vacunas, pero no es ciencia sino una apuesta demasiado arriesgada.

Edward Jenner (1749-1823) descubrió que quienes enfermaban de viruela vacuna -una enfermedad leve- quedaban protegidos contra la viruela, enfermedad grave, extremadamente contagiosa y mortal en más del 30 por ciento de los casos. El virus de la viruela vacuna no causa la viruela humana, pero hace que el sistema inmune produzca anticuerpos que protegen de esta enfermedad. Por eso, lo que hoy conocemos como “vacunas” recibe esta denominación.

Todas las vacunas existentes actúan acelerando la respuesta del sistema inmune ante la entrada de un patógeno. De este modo, inducen la producción de una gran cantidad de anticuerpos: unas moléculas que se adhieren al invasor, neutralizándolo o marcándolo para que los linfocitos lo eliminen.

Este proceso aprovecha que el sistema inmunológico tiene memoria propia, basada en linfocitos T “de memoria”, que mantienen vivo el recuerdo de las infecciones que hemos padecido, acelerando la respuesta en caso de reinfección. Estos linfocitos tienen una muy larga vida y pueden subsistir toda la vida en el tejido linfático. Es por esto que el sarampión o la viruela no se repiten.

Cuando un agente infeccioso ingresa al organismo, es capturado por unas células especializadas llamadas macrófagos y “presentado” a linfocitos T que coordinan la respuesta inmune: algunos instruyen a los linfocitos B para fabricar anticuerpos mientras otros destruyen directamente al patógeno. Terminada la infección, algunos linfocitos subsisten como células de memoria.

Todo este proceso lleva tiempo y usualmente las vacunas son eliminadas por el organismo antes de que la memoria inmune alcance su cénit. Esto ocurre porque los linfocitos B productores de anticuerpos aparecen muy rápidamente, pero tienen una vida corta, en tanto que los linfocitos T de memoria que subsisten requieren de tiempo y estímulo para desarrollarse.

Por este motivo, muchas vacunas requieren de varias dosis para completar la inmunización: no se alcanza a producir suficientes linfocitos de memoria hasta que no se reciba la segunda dosis. Esta segunda dosis reexpone al antígeno, produciendo una mayor cantidad de células de memoria y estimulando a los linfocitos B a producir una mayor cantidad de anticuerpos y a afinar la actividad de estos anticuerpos. La segunda dosis de una vacuna induce a una mayor memoria inmune y la producción de anticuerpos de mayor calidad.

Antonio Montero (M.P. 8.249), médico Infectólogo.

La aplicación de vacunas en dos dosis no es un capricho ni una estrategia comercial. Por el contrario, está basada en la naturaleza de la respuesta inmune.

Tomemos por caso la vacuna triple viral, universalmente usada y que inmuniza contra el sarampión, la rubéola y las paperas. Inyectando dos dosis, esta vacuna es efectiva en el 96 por ciento de los vacunados. Pero con una sola dosis, su eficacia cae al 60 por ciento.

Las diferentes vacunas contra el covid-19 siguen esta regla: según datos publicados por Pfizer, su vacuna es 52 por ciento eficaz con sólo una dosis, pero su eficacia trepa a casi 90 por ciento al recibir la segunda dosis. La vacuna de Moderna por su parte protegería al 80 por ciento de los vacunados con una dosis, pero 95 por ciento de quienes recibieron dos dosis.

Con respecto a las dos vacunas de origen chino, no existen datos acerca de su eficacia después de una sola aplicación, y la eficacia misma de estas vacunas después de un esquema completo de vacunación es controversial. La vacuna CoronaVac desarrollada por Sinovac tendría 91.25, 65.3 y 50.4 por ciento de eficacia según lo hallado por investigadores independientes de Turquía, Indonesia y San Pablo, respectivamente.

Los riesgos de arruinar por completo todo intento de brindar protección con una sola dosis. (Foto REUTERS/Ivan Alvarado/Archivo).Por: REUTERS

La vacuna BBIBP, de Sinopharm tendría un 80 por ciento de eficacia tras la segunda dosis, pero se desconoce su eficacia con una sola dosis. Igualmente, la vacuna rusa Sputnik V del Instituto Gamaleya alcanzaría 91.6 por ciento de eficacia con el esquema completo de dos dosis, pero se desconoce su eficacia aplicando sólo la primera dosis.

Como se ha visto, la aplicación de vacunas en dos dosis no es un capricho ni una estrategia comercial. Por el contrario, está basada en la naturaleza de la respuesta inmune y en el respeto a los tiempos necesarios para producir un número suficiente de linfocitos de memoria que confieran una protección maximizada.

Por otra parte, la duración de la protección vacunal con la aplicación de una sola dosis es totalmente desconocida, lo que implica que podría ser muy fugaz o no. Este dato es de imperiosa respuesta, porque una eficacia evanescente arruinaría por completo todo intento de brindar protección con una sola dosis.

Basado en estos guarismos, no existe evidencia científica que permita recomendar el uso de ninguna de las vacunas anticovid-19 para su uso en monodosis. Tal uso es ni más ni menos que un experimento científico mal diseñado o una campaña de vacunación atada con alambres. Puede dar resultado, claro que sí. Pero también puede salir muy pero muy mal.

Se entiende la desesperación de las autoridades ante la falta de vacunas, y se lo puede llamar palos de ciego, manotazos de ahogado o como se quiera, pero no es ciencia sino una apuesta demasiado arriesgada. Podría crear una sensación de falsa seguridad, induciendo al relajamiento individual, o podría brindar una protección fugaz, conduciendo al despilfarro de vacunas, o favorecer la aparición de variantes resistentes del SARS-CoV-2 susceptibles de escapar al reconocimiento inmune. Tampoco es sabido si los vacunados con un esquema incompleto podrían no enfermar pero infectarse productivamente eliminando el virus y contagiando a otros.

Sería lo que se llama “un salto a lo desconocido”.

(*) Antonio Montero es Doctor de la Universidad de Buenos Aires. Médico Infectólogo. Investigador Científico del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Exinvestigador Adjunto – Conicet.

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