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Tecnología

Robótica en las escuelas: entre la estigmatización, la virtualidad y la esperanza desmedida

TN Tecno habló con docentes del área para profundizar en los desafíos que atraviesa la materia y cómo se adapta a las clases a distancia que, en muchos casos, impone la pandemia.

Cables, pequeños interruptores, piezas variopintas, herramientas y baterías comenzaron a ser parte del paisaje escolar, en buena medida gracias a un plan de educación digital que se acordó en 2018 en nuestro país y que estableció la obligatoriedad de la enseñanza de robótica y programación en los tres niveles educativos. El proyecto avanza con suerte diversa (cada aula es un mundo) siendo aquella, además, una de las muchas áreas que se ha visto afectada por la pandemia y los cambios que la crisis sanitaria impuso en las instituciones educativas.

“Fue un shock”, dice Gonzalo Zabala, especialista en robótica educativa y autor de Robots o el sueño eterno de las máquinas inteligentes. “Durante 25 años me opuse terminantemente al uso de simuladores. La robótica se la aprende interactuando con los cinco sentidos, y de golpe aparece esta pandemia que viene para largo. Tuve que tragarme humildemente mis palabras y buscar de qué manera podíamos hacer algo similar, que pedagógicamente ofreciera los mismos desafíos dentro del mundo virtual”, señala.

Zabala cuenta que frente al obstáculo, en equipo comenzaron a pensar en alternativas y en ese marco desarrollaron un simulador de sumo para la Roboliga, la competencia de robótica más antigua de la Argentina para estudiantes de primario y secundario. “A pesar de que seguimos soñando con volver a los ‘fierros’, abrir este espacio de simulación nos mostró una realidad de la cual estábamos ciegos: se sumaron un montón de estudiantes de todo el país y nos permitió que en los campeonatos estuvieran presentes de norte a sur y de este a oeste. Cuando volvamos a la normalidad no podemos cerrar ese espacio”.

Aníbal Mazzarini, un profesor de informática que en TN Tecno conocimos cuando se consagró en un campeonato de robótica con un autómata bautizado “Gardelito”, también reconoce que sufrieron el impacto de la pandemia especialmente para la construcción de robots físicos ya que no todos los alumnos tienen las herramientas necesarias en sus casas. “Se potenció mucho más el aspecto teórico que envuelve a la disciplina, que es muy rico en cuanto a bibliografía y conceptos, y que es necesario al momento de armar un robot, pero no es lo deseado ni por alumnos ni por docentes, más allá de lo necesario para la actividad áulica”, nota.

El experto, que en la charla exuda su pasión por los robots, señala que, por contrapartida, el contexto de encierro benefició a la llamada “robótica virtual”. En línea con Zabala, dice que se trata de la generación de “robots simulados por medio de plataformas de programación utilizando un lenguaje escrito o en bloques, que se caracteriza por su alto contenido didáctico y que ganó un lugar muy importante en todo el mundo, al punto que en los mejores torneos de robótica ya se realizan competencias de simulación”.

Esperanzas, estigmatización y habilidades multidisciplinarias

Más allá de las singulares condiciones que impone la crisis sanitaria a la enseñanza de robótica, Mazzarini señala que la materia sufre cierta estigmatización. En su boca, resistencia. “Como toda disciplina nueva, recibe cierta resistencia por al miedo por el cambio. Llega para plantear un nuevo paradigma y considero que es normal esa especie de ‘rechazo’ por intentar movernos de la zona de confort en la que todos nos desenvolvemos”, comenta.

– ¿Cómo suele expresarse ese rechazo?

Mazzarini: – Hace unos años, en un canal de televisión local (NdR: el entrevistado reside en Tornquist, Buenos Aires) una docente aseguró, despectivamente, que en una escuela donde trabajo “hacíamos robots de papel”. No lo tomé como un ataque personal, sino más bien hacia el gobierno provincial de ese momento que fomentaba la robótica educativa como práctica pedagógica en las aulas.

De todas maneras, y si bien nunca hice con mis alumnos robots de papel, tuve la oportunidad de ver a grandes robotistas confeccionarlos en papel y dotarlos de toda la electromecánica necesaria para sus movimientos. Y son realmente geniales. También me tocó escuchar en primera persona como otra docente, en una reunión, hablaba de la “imposibilidad” de desarrollar robótica en las escuelas, cuando ya hacía años que junto a mis alumnos veníamos haciéndolo. Estas personas tienen algo en común: jamás entraron a los laboratorios y talleres de esta escuela a la cual se referían. Y estos exabruptos se podrían haber evitado con solo interiorizarse en el trabajo que desarrollan sus mismos alumnos en otras materias.

Pero en general, la robótica es bien vista por la mayoría de los docentes. Con admiración, a veces. Con incertidumbre o temor, en otras ocasiones, pero coincidiendo en lo importante de la misma para los alumnos. Tengo la posibilidad de dialogar muy seguido con un grupo de docentes latinoamericanos, y la estigmatización y resistencia a la robótica es un factor común en esta parte del mundo. Muchas veces a los robots, otras personas los llaman: “autito”, “muñequito” o “el robotito”, cuando en la realidad se asemejan más a una computadora que a un autito, por poseer, casi todos, un microcontrolador reprogramable. Pero mucho más lamentable es cuando estos términos despectivos surgen de quienes ocupan cargos públicos.

Zabala: – En algunos casos, creo que ocurre lo contrario a la estigmatización. Se ha puesto demasiada “esperanza” en la robótica como un recurso educativo que soluciona ciertos problemas en el aprendizaje. Muchas veces funciona como espejito de colores: viene bien para demostrar avance tecnológico en la educación, pero luego no se lo sustenta con un marco pedagógico correcto. Se saca la foto, se corta la cinta y luego todo queda abandonado a su suerte. En general, he aquí el problema de la inserción de la robótica en las aulas.

Mazzarini: – Coincido en que, en algunos casos la robótica educativa fue utilizada como medio propagandístico. Las expectativas fueron muy altas, y los resultados muy dañinos para la disciplina. Por eso siempre hay que desarrollarla y aplicarla con precaución. Con lo que se tiene disponible y no “vender humo”, como para usar una frase bastante argentina. Vendedores de humo hay en todos lados. Y las escuelas son un reflejo de la sociedad también. Por eso, antes de presentarles a mis alumnos un proyecto, lo desarrollo en mi casa y se los enseño funcionando.

– ¿Cuáles son las habilidades que adquieren los alumnos en las clases de robótica? ¿Esas capacidades trascienden el ámbito estrictamente tecnológico?

Zabala: – En un mundo donde los pibes pasan gran parte de su tiempo en el ámbito digital, propone un regreso a lo físico. El mundo físico presenta características que ni el mejor simulador puede imitar. Esencialmente, tiene infinitas variables en danza, y cada una de ellas tiene infinitas posibilidades (son continuas y no discretas). El mundo digital siempre es finito y discreto. Además presenta características muy motivadoras para los estudiantes. Lo ven como un recurso significativo, que se presenta a su alrededor en forma cada vez más frecuente (aunque no tenga pinta de humanoide) y permite trabajar en equipo de una manera que lo digital no invita. Por otra parte, abre las puertas a la experimentación y al enfrentamiento con el error y el fracaso, cosa que habitualmente condenamos en la escuela.

Mazzarini: – La robótica, al igual que el caballo de madera introdujo a los griegos a la ciudad de Troya, lo hace en el aula con las habilidades STEAM, que son las iniciales en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemática; y ellas al mismo tiempo pueden amalgamar al resto de las materias con las que se cuente.

Además de estas habilidades que adquieren y desarrollan, se pueden apreciar otras capacidades como las de trabajar en equipo, visualizar un objetivo común y poder alcanzarlo; las capacidades de liderazgo, donde por lo general surge un líder informal dentro del seno del equipo y es él quien más se dirige hacia el docente y toma la palabra. La comunicación formal e informal, verbal o no verbal se lubrican mucho más en estos espacios de trabajos. La delegación de tareas dentro del equipo, donde cada alumno toma un rol diferente, ya sea organizando el trabajo, armando un chasis, montando un circuito electrónico, averiguando precios o escribiendo una programación o apuntes de clases.

Estas actividades se desarrollan dentro de un contexto de aprendizajes por proyectos o basados en problemas que resolver, algo que seguramente seguirán experimentado el resto de su vida laboral. El pensamiento computacional y el pensamiento lógico también se ejercitan, y bien valen para cualquier otra actividad del futuro.

Zabala: – Además de los contenidos técnicos de mecánica, electrónica y programación que están subsumidos en la robótica, entiendo que hay un conjunto de habilidades que permite desarrollar y que son fundamentales para las necesidades sociales de este siglo como el trabajo en equipo, el espíritu inquisidor del experimentador, la tolerancia a la frustración, la capacidad de análisis y fragmentación de un problema con diferentes tipos de variables en juego, etcétera. ¡No creo que sea el único recurso que lo hace, desde ya! Pero esta combinación que te comenté previamente, como la unión entre el mundo físico y digital, la sensación de estar trabajando con algo significativo, e inclusive cierto lado romántico vinculado con la literatura y el cine de ciencia ficción, le da un halo que es sumamente atractivo para los estudiantes. Ahora bien, ¡mal implementado, te mata rápidamente toda la magia!

¿Cuáles son, en tanto, los caminos de superación? Según el docente de Tornquist, “la robótica debería ser entendida como una herramienta para facilitar la enseñanza y el aprendizaje”. Mazzarini señala que la materia “debería formar parte del proyecto educativo institucional de cada escuela, y que se cumpla con el mismo, además de ser una política de Estado, y no simplemente ser un ida y vuelta entre colores políticos”.

“Hay mucho por hacer en cuanto a los aspectos didácticos de la robótica en la educación formal. O tal vez, dar algún espacio para lo no formal en las escuelas, quitando toda la carga burocrática a la hora de robótica. Cada vez que lo propongo, me recuerdan a Juana de Arco”, concluye Zabala.

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