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ECONOMÍA

HAMBRE: No es Biafra, es la Argentina de Cambiemos

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“No se necesita dictar una emergencia masiva como si fuera Biafra. No discuto que hay problemas, pero tampoco falta la presencia del Estado” senador nacional Miguel Pichetto, candidato a vicepresidente de Mauricio Macri. “No debiera hacerse política con la emergencia alimentaria”, ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro. “La emergencia alimentaria es un slogan de campaña”, secretario de Cultura, Pablo Avelluto.

Por Carlos A. Villalba

Entre el 30 de mayo de 1967 y el 15 de enero de 1970 la región sudoriental de Nigeria, con sus 13 millones de habitantes, se convirtió en Biafra al proclamar su independencia, constituirse como república y tomar el nombre del golfo sobre el que recuesta sus costas. El bloqueo económico fue inmediato, la guerra de reconquista también y la rendición secesionista rápida.

La falta de alimentos, de recursos para proveer a la población asediada y la destrucción de los cultivos generaron una hambruna que afectó especialmente a niñas y niños, en su mayoría del pueblo igbo. El hambre y la desnutrición aguda costaron la vida de un número tan incierto como aterrador de personas, estimado entre 500.000 y 2 millones de personas, en buena medida por falta de comida.

La descripción pareciera darle la razón al senador saliente por Río Negro, Miguel Pichetto: la Argentina no es Biafra.

En los últimos tres años y medio, cada mes, cada día, son más las niñas y los niños, los adolescentes, sus abuelos y, más recientemente, también sus padres y sus madres sin trabajo ni changa, los que hacen cola en los comedores de los movimientos populares, de las iglesias y las escuelas, de cualquier casa, club, casilla, galpón, tinglado, en el que una olla tiznada, calentada a leña, va convirtiendo en guiso lo que haya, lo que venga, lo que se consiga con la solidaridad barrial, el compromiso organizado, con la voluntad de los negocios empobrecidos del barrio o de empresas más grandes y, también con el aporte de los gobiernos de la Nación, de las provincias y los municipios.

Con ese desembolso oficial, el vecindario, la militancia, los curas en opción por los pobres, los pastores, los maestros y las maestras, apenas cubren entre el 30 y el 40% del gasto en comestibles, el resto lo aporta la red solidaria que se teje alrededor de cada uno de los miles de comedores o merenderos que atienden un promedio que supera las cien personas por día.

Cuando el día empieza a anochecer, nuevos caminantes aparecen con las primeras sombras que los edificios proyectan sobre las avenidas de las localidades del Gran Buenos Aires. Familias enteras, recién caídas en la indigencia, con carritos improvisados, con cochecitos de bebés que ya caminan, debutan en los últimos meses en la búsqueda en los tachos de basura, meten en sus bolsas de plástico la cena que encuentran en los desperdicios que otros descartan.

En la Gran Ciudad, los más jóvenes se meten de cabeza a revolver en los basureros que el intendente, Horacio “si vos querés” Rodríguez Larreta, intenta clausurar con candados, para espantar con una llave la miseria creada por el gobierno del que forma parte.

En las afueras, en los grandes baldíos que rodean a los municipios muchas veces convertidos en basureros por obra de las coimas que evitan el traslado hasta los vertederos que corresponden por ley u ordenanza, también aumentó la cantidad de familias que van a buscar entre los restos. Conocen el horario en el que llegan los camiones con los productos vencidos de los supermercados; además de comida, apuntan a la leña, la ropa, a cualquier material que consideren con un mínimo valor de reventa o de trueque.

Esta penosa descripción pareciera mostrar que, aunque no es Biafra, la Argentina de Cambiemos – la alianza conformada por el PRO, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y el tardío Pichetto – se le parece bastante.

Comer y no morir en el intento

En esta Argentina -que no queda en Nigeria, en estos Vicente López, Quilmes, Matanza, Moreno, José C. Paz…, que no son Biafra-, más del 40% de los niños, niñas y adolescentes viven por debajo de la línea de pobreza; la mitad sufre privaciones de sus derechos. El número de asistentes a los comedores se multiplica, solo en lo que va de 2019 aumentaron entre el 50 y el 100% las personas que buscan su único plato de comida diario.

Los merenderos sí se “reperfilaron”, para ofrecer comida y los comedores pasaron de abrir cinco días a hacerlo también sábado y domingo, para cubrir el agujero que provoca en la alimentación el cierre del fin de semana de las escuelas. Atienden a todo el que llega, aunque no esté en la lista de sus usuarios habituales. Sus organizadores, solidarios de cualquier color, mientras pudieron replicaron la tarea en otros locales del mismo barrio, hasta que los suministros no alcanzaron más y detuvieron la “expansión”.

El cálculo, flojo de registros formales, hoy ubica en 4.000.000 a las argentinas y los argentinos que concurren a esta última frontera contra el hambre en un país que, como se ufana el propio presidente Mauricio Macri, produce alimentos para 400 millones de personas (en realidad para 500 millones). Sólo en el Conurbano bonaerense, los movimientos sociales mantienen funcionando más de 1400 lugares de ese tipo y no abren más porque ya no hay piedra por exprimir y conseguir más recursos.

La organización político social de mayor peso organizativo y de movilización, el Movimiento Evita, es responsable de 600 de esos comedores solo en el Gran Buenos Aires.

Uno de sus diputados nacionales, Leonardo Grosso, con el apoyo de todos los bloques políticos de la Cámara baja, impulsó la iniciativa “Comer bien: Con hambre no hay futuro”, destinada a crear un Registro Único Nacional de comedores, merenderos y ollas populares; capacitar en educación popular, nutrición y violencia de género para las trabajadoras de merenderos y comedores y contribuir a una “Cultura del Encuentro” que impulse acuerdos amplios para resolver la problemática.

La calle ordena

Del mismo modo que el relato macrista convenció en 2015 a una parte del sector social más vulnerable del país a votar en contra de sus propios intereses, su trabajo de comunicación e influencia cultural hizo invisibles a situaciones evidentes. La real realidad, como siempre y tarde o temprano, le pelea a los aparatos ideológicos, al mensaje de los medios, y termina por filtrarse.

A los pocos meses de la llegada del nuevo gobierno comenzaron a verse más personas durmiendo en la calle, grupos familiares en las puertas de cines, bancos, en las plazas; sin embargo, fueron “invisibles”, incluso hasta para quienes pasaban a su lado y sufrían por ellos.

Hasta que una ola de frío, la de julio de este año, llenó los clubes, las iglesias, las unidades básicas, de gente en situación de calle que escaló hasta la tapa de los diarios y esa realidad, tan negada como conocida, pasó a ser protagonista de la cotidianeidad, a mostrar las consecuencias del desempleo, la pobreza y los tarifazos.

Poco después, comedores, merenderos, templos y capillas, empezaron a recibir chicos con hambre; en las escuelas; nenas y nenes aparecieron con tapers… para llevarse a sus casas parte de lo que les daban, para los hermanitos no escolarizados; sin embargo, salvo para las decenas de miles de personas que armaron esa retaguardia solidaria, fueron “invisibles” durante años.

Hasta que el volumen del drama y su instalación en el espacio compartido, incluso en el ombligo nacional demarcado por el Obelisco porteño y su “avenida más ancha del mundo”, logró romper esa venda entretejida de prejuicios e ignorancia y, ahora, esta semana, todo el mundo entiende que “emergencia alimentaria”, quiere decir “hambre”, una palabra tan sencilla como terrible.

La situación desesperante que atraviesan millones de familias y las manifestaciones callejeras a lo largo de los últimos tres años y medio, en reclamo de Emergencia Alimentaria, Integración Urbana, Infraestructura Social, Emergencia en Adicciones y Agricultura Familiar, lograron que las problemáticas reales lograsen visibilidad, sobre todo la del hambre.

De aquellas situaciones y de estas comprensiones se nutrió el urnazo antigubernamental del 11 de agosto pasado, en el que cada carencia terminó siendo un voto contra el Juntos por el Cambio que desordenó la vida de todos los sectores sociales y de todas las familias argentinas. La ola que encabeza el Frente de Todxs amenaza con superar a cualquier candidatura del oficialismo macrista en las elecciones generales del 27 de octubre que consagrarán de modo formal a Alberto Fernández como presidente de la Nación.

Los dirigentes relacionados con las franjas más empobrecidas del país afirman que las propias periferias de sus organizaciones están “al borde” de estallar, señalan que “el triunfo” fue un calmante de una pradera seca que solo esperaba el fósforo, esa llamita que aviva cada aumento de “el chino de la vuelta”.

Mientras tanto, las jornadas que restan para los comicios generales están cargadas de seguimientos del precio del dólar y el riesgo país, orejean nombres de potenciales ocupantes de los ministerios a partir del 10 de diciembre y hasta especulan con las consecuencias que pueden tener sobre unas finanzas en estado de volatilidad extrema los “debates” presidenciales del 13 de octubre en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y, una semana después, en la Facultad de Derecho de la UBA entre todos los candidatos.

La movilización constante desembocó en un escenario en el que las más importantes organizaciones político-sociales, sindicales, agrarias, empresariales y religiosas, reunidas en la Mesa de Diálogo y Encuentro por el Trabajo y la Vida Digna expresaran su “urgente pedido de declarar la Emergencia Alimentaria”, para “enfrentar la crueldad del hambre que habita en millones de familias oscureciendo el presente, especialmente de nuestros adultos mayores, y condiciona gravemente el futuro”, en particular “de niñas, niños y jóvenes”.

La multisectorial reclamó una canasta básica de primera infancia y de mujeres embarazadas o en período de lactancia, con incremento de la Asignación Universal por Hijo al valor de una canasta básica total para un menor de 18 años, estimada al primer trimestre del año en $ 5.834; aumento de presupuesto de comedores y huertas escolares y comunitarias; fomento de la agricultura familiar y social; reintegro del IVA a los consumidores de menos recursos y aumento del número de productos sin IVA de los componentes de la canasta básica; actualización de los montos del Programa Pro Bienestar del PAMI y aumento de la cobertura de los medicamentos para jubilados y pensionados.

Los acuerdos, luego planteados ante los diputados nacionales de la oposición, también exigieron la disposición de tierras públicas ociosas para convertirlas en productoras de alimentos, trabajadas por organizaciones sociales y de la economía popular y la agricultura familiar con miras al autoabastecimiento alimentario.

Ante la negativa del gobierno nacional a poner en marcha una respuesta a la situación, los parlamentarios consensuaron un proyecto legislativo único para extender la emergencia alimentaria hasta fines de 2022, incrementar un mínimo del 50 % de las partidas presupuestarias destinadas a las políticas públicas nacionales de alimentación y nutrición vigentes para el año en curso, con actualización automática cada tres meses a partir del 1 de enero próximo, a través de un mecanismo basado en el Indice de Precios al Consumidor y la variación de la canasta básica de alimentos.

El acuerdo autoriza al Gobierno las reasignaciones que correspondan, con la intención de facilitar los trámites necesarios para la gestión y la transparencia en la compra de alimentos que lleguen a los comedores, intendencias y provincias.

El conjunto de sectores en este momento representados electoralmente por el Frente de Todos, decidieron convocar a una sesión especial con el fin de aprobar la propuesta sobre tablas, con el difícil apoyo de los dos tercios de los presentes.

Kirchneristas, justicialistas, massistas, miembros del interbloque Red por la Argentina que encabeza Felipe Solá, junto al Movimiento Evita y Somos de Victoria Donda, PJ-San Luis, Renovador de Misiones y la vicegobernadora electa de Santa Fe, Alejandra Rodenas, cerraron el círculo de una estrategia que también se expresó en las urnas: movilización, acuerdo multisectorial y unidad partidaria, pasos previos a un posterior acuerdo multisectorial y multipartidario que, en paralelo, el jefe del espacio empezaba a bordar en la provincia de Tucumán. Del mismo modo que “Macri fue el límite”, decidieron que “ante el hambre no se puede esperar”.

Radiografía rápida de una nación no africana

Las políticas de los tres años y medio de gobierno de Macri destruyeron el aparato productivo, dejaron a centenares de miles de personas sin trabajo y hasta sin changas y aceleraron el deterioro de los sectores más vulnerables. Es lo que explica que comedores y merenderos populares se multiplicasen como nunca antes. En este país, que no es africano, el PBI cayó 2,5% en 2018 y para fin de año se espera una nueva baja superior al 2,6%, para totalizar la caída histórica de 8,4% durante el período 2016-2019.

Según los datos de la Universidad Católica Argentina, que siempre enrostró el antiperonismo a los gobiernos kirchneristas, la pobreza alcanzará este año el 35%, con cerca del 8% de indigencia. Sin embargo, solo en el primer trimestre del año los pobres ya habían superado el 34% y se estima que el dato estará por encima del 40%, con lo cual la gestión Cambiemos habrá generado más de 4 millones de nuevos pobres.

La inflación interanual saltó del 26,9 registrado en diciembre de 2015, al 55,8% medida a junio de este año, con un acumulado macrista superior al 250%. El dólar recibido a $9,87 pesos, por estos días araña los $59 pesos, contenido por el cepo y apoyado en una tasa crediticia que cada día bate su propio récord y pasó el 86%.

Los servicios públicos registraron subas inauditas, con la electricidad y el gas a la cabeza, destruyendo la vida cotidiana de la población a caballo de las subas acumuladas del 1490 y el 1297 por ciento. La población se endeudó y los compromisos personales saltaron hasta ubicarse entre el 25 y el 47% según ingresos.

El desempleo aumentó 3 puntos porcentuales, desde el 7,1% en el primer trimestre de 2015 al 10,1 por ciento en el mismo período del año en curso, el número más alto en trece años, que trepa mucho más allá si se contabilizasen a los trabajadores precarizados, los subocupados y los desahuciados laborales, producto del cierre de 19.131 empresas entre junio de 2015 y junio de 2019.

Junto a esos números, si se vuelve a mirar hacia los basureros, hacia quienes viven y duermen en la calle o en dirección a las niñas y los niños con hambre, sin haberse producido una guerra de secesión y en una tierra con riquezas y alimentos, el panorama sí empieza a parecer “biafrano”:

• Cinco millones y medio de los niños, niñas y adolescentes del país viven bajo la línea de pobreza, 42% del total. Un 8,6% de ellos se aloja en hogares que no cubren la canasta básica de alimentos, por lo que se encuentran en la indigencia, la expresión más extrema de la pobreza.

• En el último año aumentaron las enfermedades transmitidas por los alimentos, principalmente la gastroenteritis y diarreas, “posiblemente asociadas a las prácticas de búsqueda y recolección de desperdicios en basurales”. Hubo más restricciones en el consumo de alimentos, tanto en su cantidad como en su calidad; las familias “saltean comidas, se suprimen comidas grupales de fin de semana, se cocina una única vez por día, los adultos a veces no comen por dejarle el alimento a los más chicos y cambia la composición de la cena”.

• Se redujo el consumo de alimentos con proteínas de origen animal, sobre todo carne vacuna y lácteos.

• La canasta de alimentos disponible en los hogares depende en gran medida del acceso a bolsones, cajas de alimentos y apoyos alimentarios y a la oferta de los comedores y merenderos comunitarios o a las escuelas y parroquias.

• La provisión de alimentos por parte del Estado resulta “insatisfactoria y de mala calidad nutricional y ese apoyo ha disminuido en cantidad y variedad, lo que se traduce en menos alimentos entregados”.

• Los efectos de la crisis económica no impactan solo en el aspecto nutricional sino que también se muestran en “aumento del malestar psicológico, expresado en problemas de conducta, manifestaciones de ansiedad y déficit de atención en niños y niñas”, con incremento de expresiones de “violencia en adolescentes, cuadros de alcoholismo y depresión”.

• Los profesionales de la salud que trabajan con esa población advirtieron sobre “una fuerte disminución en la capacidad de dar respuestas, debido al recorte en el gasto público y la reducción de personal dispuestos desde el Estado” y advirtieron que están “colapsados por el aumento de la demanda y desprovistos de herramientas de intervención por el recorte en la cantidad de medicamentos, provisión de vacunas gratuitas, mantenimiento de los equipos e instrumental médico”.

• Durante el último año también aumentó la deserción escolar entre los niños, niñas y adolescentes, en especial en la transición entre el nivel primario y secundario, ante “la necesidad de incorporarse lo antes posible al mercado de trabajo”.

Los datos no pertenecen a los equipos de Alberto Fernández y las fuerzas políticas, sociales y gremiales que lo acompañan, forman parte de las conclusiones sobre los “Efectos de la situación económica en la niñez y la adolescencia”, realizada por Unicef en la Argentina.

De todos modos, mientras las Naciones Unidas se preocupan por el tema, el Frente de Todxs tendrá que ocuparse de la búsqueda de soluciones para uno de los peores dramas generados por el gobierno saliente, ese cuyos funcionarios creen que el hambre es una construcción “política”, la emergencia alimentaria “un slogan de campaña” y que ante quienes comen de la basura y escarban en la inmundicia aseguran que no debe reaccionarse como si fuese algo parecido a Biafra.

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ECONOMÍA

El mercado dará hoy su veredicto sobre el debate y la incertidumbre podría aumentar en la previa a las elecciones

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El debate no tuvo propuestas. Nadie las esperaba. No hablaron de cómo iban a pagar la deuda o bajar el gasto público y la inflación. Pero al menos tuvo cruces fuertes que hicieron hincapié sobre la corrupción por el lado de Mauricio Macri y sobre la economía y la pobreza por parte de Alberto Fernández.

A favor de Macri estuvieron, en más de una oportunidad, las declaraciones de José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión haciendo pie sobre si en los años que estuvo de Jefe de Gabinete, al revés de lo que sucedió con Roberto Lavagna, no vio la corrupción a su alrededor. Para ellos el Frente de Todos es el adversario a derrotar.

Lo cierto es que las interpretaciones del debate serán individuales hasta que abran los mercados. Los ahorristas e inversores serán el primer grupo colectivo que dará su opinión -acertada o no porque representa a una sola parte de la sociedad- porque el lunes votarán con los precios del dólar, riesgo país y acciones.

El viernes el dólar tuvo un comienzo muy firme. De hecho, el Banco Central volvió a intervenir en el mercado mayorista para que cierre en $ 58,35 lo que implica una baja de 3 centavos. El monto de negocios de USD 473 millones, fue elevado porque el Banco Central hizo un gran aporte como vendedor de más de USD 150 millones.

Merval

Merval

Además, de otro lado estaban los compradores que se hicieron de más pesos porque las Letras de Liquidez (LELIQ) en tres días liberaron $ 50 mil millones ante la caída de los depósitos a plazos fijos de donde viene el dinero con que los bancos compran las LELIQ. Los depósitos a plazo perdieron $ 22 mil millones el martes pasado de acuerdo a la última información del Banco Central.

Esto se tradujo en una baja de USD 146 millones de las reservas que quedaron en USD 47.448 millones.

La liberación de pesos de plazo fijo y de LELIQ como consecuencia, hace que el poder de compra de dólares crezca, mientras los vendedores siguen sentados sobre sus dólares porque quieren cobertura antes que arriesgarse en pases de compra y venta.

Por eso el “dólar libre” que había alcanzado a $ 68 el jueves sin operaciones por falta de vendedores, el viernes bajó, después de tocar $ 67 a 65,75. Las pocas operaciones genuinas del final hicieron que la divisa llegara a ese precio.

También subió el contado con liquidación después de tocar $ 77,50 se calmó y terminó la rueda en $ 75 lo que implica una suba de poco más de $ 2, mientras el dólar Bolsa o MEP estuvo más calmo y subió unos pocos centavos a $ 70,11. Las operaciones de este dólar están trabadas porque quien compra los bonos en dólares los debe mantener en su poder cinco días y, como hay temor a que se reduzca el cupo de USD 10 mil dólares mensuales, muchos se bajaron del negocio.

De todas maneras, el Gobierno esta semana no tocará el cupo alentado por el resultado de las marchas. Sabe que la clase media mira este dólar y si le recorta el cupo corre el riesgo de perder votos que necesita tanto como un caminante en el desierto, el agua.

(Gustavo Gavotti)

(Gustavo Gavotti)

De allí que intervenga con cantidades tan grandes en el mercado mayorista y que mande a los bancos oficiales a la plaza minorista porque no quiere alteraciones en el valor del dólar.

Si pierde las elecciones en primera vuelta el 27 de octubre, las reglas de juego cambiarán al día siguiente y los cupos pueden ser recortados.

La Bolsa también hizo un alto en el fuego y el S&P Merval bajó 0,08% pero con un fuerte monto de negocios de $ 1.268 millones. A estos precios de las acciones llueven los compradores porque ellos miran más allá del resultado. El “cómprate todo”, es una palabra que le dicen los operadores a sus clientes predilectos.

Saben que las compañías y bancos para recuperar sus valores originales deben subir 500% en dólares al menos.

Lo que aumentó, y fuerte, fue el riesgo país que creció 42 unidades a 2.057 puntos básicos por la caída de los bonos.

Esta semana será un vuelo a ciegas porque no habrá encuestas. Las apuestas del mercado serán las que orienten sobre quién creen que puede ganar las elecciones o si habrá ballotage, si creen que algo cambió el fin de semana.

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ECONOMÍA

La demanda de energía cayó un 5,1% en los primeros nueve meses del año

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Se dieron bajas en la mayor parte del país. La única excepción fue la región de la Patagonia, con un aumento del consumo energético del 2,6% interanual. Sin embargo, hubo un repunte durante septiembre

En los primeros nueve meses del año, la demanda de energía eléctrica cayó un 5,1% con respecto al mismo período del año anterior. Todas las regiones argentinas registraron una baja, con la excepción de la Patagonia, donde la demanda aumentó un 2,6%, siempre en términos interanuales. La caída de la actividad industrial y comercial y los aumentos de las tarifas fueron algunos de los factores que explican la menor demanda, que afectó a la mayor parte del país. Sin embargo, el mes de septiembre mostró un repunte, luego de un año de números en baja.

Según un informe elaborado por IERAL de la Fundación Mediterránea, en base a los datos de Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico), a nivel provincial, el desempeño fue muy dispar. Solo en dos de 24 provincias (Chubut y Río Negro), el consumo de energía en el periodo enero-septiembre de 2019 fue superior al del año 2018 —con una variación interanual del 4,9% promedio— mientras que en el resto hubo reducciones entre un mínimo de 0,3% (para Santa Cruz) y un máximo de 41,0% (el caso de Catamarca).

Sin embargo, la demanda registró en septiembre a nivel nacional un incremento del 4,5% respecto del mismo mes del año pasado, de acuerdo con un informe difundido por la Fundación Eléctrica para el Desarrollo (Fundelec). Así, septiembre fue el primer mes que mostró un ascenso en la demanda de energía, luego de un año de caída en el consumo.

El consumo eléctrico en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano bonaerense, por ejemplo, mostró una suba pronunciada, para las empresas Edesur (8%) y Edenor (8,9%), al igual que en el resto del país (2,5%), según los datos provisorios de Cammesa. “El ascenso se produjo en los usuarios residenciales e industriales, mientras que los comerciales tuvieron un leve descenso”, precisaron desde Fundelec.

Según datos de Cammesa, del consumo total de septiembre, el 42% pertenece a la demanda residencial, mientras que el sector comercial representó 28% y el industrial 30%. En la comparación interanual, la demanda residencial subió 9,1%, la industrial 2,5% y la comercial bajó 1,8%.

El incremento de la demanda de energía eléctrica fue mayor en Chubut (35%); en el sur de la provincia de Buenos Aires (13%, donde es abastecido por la empresa Edes); en La Plata y alrededores (10%); Córdoba (6%) y San Juan (6%).

Los números de enero a septiembre

La región Noroeste presentó la mayor baja en la demanda de energía entre enero y septiembre, con una caída de 12,9% interanual. “De las provincias que la forman, llama la atención el caso de Catamarca con una caída de gran magnitud en términos relativos (-41%), que fue la mayor observada entre las provincias”, detalló el informe de la Fundación Mediterránea. En tanto, en el resto de las provincias de esa región, las caídas variaron entre un mínimo de -3,2% (Salta) y un máximo de -10,3% (Santiago del Estero).

Por su parte, la región Noreste tuvo una reducción del 7,5% en la demanda y las principales bajas se dieron en Corrientes y Chaco, con una reducción interanual de 9,3% en promedio. La región Pampeana, en tanto, tuvo una baja del 4,9% interanual en el consumo de energía entre enero y septiembre y se ubicó en el tercer lugar del ranking. “Todas las provincias que forman esta región obtuvieron variaciones interanuales negativas, que se encontraron entre un mínimo de -2,5% para Buenos Aires y un máximo de -8,5% para Entre Ríos”, precisaron desde IERAL.

En septiembre se revirtió la caída en la demanda de energía, que acumuló una baja de 5,1% en el año

En septiembre se revirtió la caída en la demanda de energía, que acumuló una baja de 5,1% en el año

En la región de Cuyo, que tuvo un descenso de 2,6% comparado con el mismo período, San Luis registró una caída del 4,9% interanual en el consumo de energía, seguida por la provincia de Mendoza (-2,3%), y finalmente, San Juan (-1,6%).

Finalmente, la región Patagónica fue la única que registró un aumento en el consumo de energía entre los primeros nueve meses del año 2019 e igual período del año 2018, con un 2,6%. En ella, las provincias de Chubut y Río Negro aumentaron un 4,9% interanual promedio, mientras que Neuquén y Santa Cruz registraron una caída del 1,6% interanual promedio, en el consumo de energía.

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Acuerdo Reino Unido-UE por el Brexit: ¿y ahora?

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Tras un periplo de tres años de negociación, dos prórrogas concedidas por la Unión Europea, tres textos rechazados por el Parlamento británico y la sucesión de tres primeros ministros, el Reino Unido y la Unión Europa han alcanzado un marco de acuerdo para la salida británica de la Unión Europea el próximo 31 de octubre. El proceso del Brexit ha sido centro de una incisiva batalla diplomática, jurídica, de política doméstica británica y, como en todo divorcio, hasta sentimental. La dimensión geoestratégica de la decisión es aún difícil de predecir y las consecuencias recién empiezan. No obstante, se alcanzó un primer paso que, de confirmarse con la ratificación parlamentaria, podría disminuir los efectos de un Brexit traumático. Si no se logra el respaldo del Parlamento, el Primer Ministro deberá pedir a Bruselas una tercera prórroga más allá del 1 de noviembre.

El resultado ha sido producto de diplomacia con determinación y una alta cuota de audacia. Hace un par de semanas nadie hubiera apostado que las estrategias de negociación, que aparecían como erráticas y contradictorias, fueran capaces de generar las bases de consenso entre Bruselas y Londres. El método poco convencional del Primer Ministro Boris Johnson logró un sorpresivo acuerdo que, aunque precario y esencialmente declarativo, puede ser la fórmula que evite una salida abrupta y desordenada del Reino Unido de la Unión Europea. Un éxito inesperado por ser un ejercicio diplomático que se jugó simultáneamente en Londres, Dublín y Bruselas. La prensa británica lo describió como un ajedrez diplomático tridimensional.

Pese a la euforia inicial, la incógnita es la respuesta de Westminster. El Parlamento británico tiene la última palabra para aceptar o rechazar el texto acordado que implica que el Reino Unido aceptaría controles aduaneros para Irlanda del Norte. Es decir una frontera comercial entre dos espacios del mismo Estado. Así, este territorio formará parte de la Unión Aduanera del Reino Unido, pero deberá cumplir con las reglas del Mercado Único Europeo. Esto significa que la frontera en la que se realizarán los controles y las verificaciones por parte de las autoridades británicas y de supervisión de la UE, estará en el Mar de Irlanda y no en la que separa a Irlanda del Norte con la República de Irlanda.

El Protocolo sobre Irlanda es una cuestión delicada y poco sencilla de lograr respaldo parlamentario. En particular porque supone que el primer ministro Boris Johnson deberá lograr el apoyo de todos los miembros de su partido y en particular de 28 que han votado negativamente un acuerdo y contar con el voto favorable de algunos de la oposición laborista. Es difícil imaginar un resultado mayoritario en esos términos. El Partido Democrático Unionista norirlandés anuncio que se oponía al acuerdo. Escocia también indicó que no aprueba el texto. Esas señales son la antesala de discusiones intensas y muy complejas que incluye a laboristas y liberales.

Sin embargo, el temor a las consecuencias de un Brexit abrupto a fines de octubre que puede afectar seriamente la economía y el porvenir de los británicos como la estabilidad y la paz de la isla de Irlanda, puede quizás ser el mayor aliando de Johnson. Es probable que pocos parlamentarios quieran asumir el riesgo de ser los responsables del abismo. El pánico es, en este contexto, el socio principal del Primer Ministro. También quizás el arma para intentar mantenerse como líder de los conservadores y detener el acecho electoral de laboristas y liberales.

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