A nadie le escapa que la principal preocupación de la vicepresidenta Cristina Kirchner son sus multiprocesamientos en la Justicia federal, resabios de hechos de corrupción que se habrían cometido durante sus gobiernos. Preocupación que, parece, se convirtió durante los años de gestión macrista y en lo que va de su socio del poder, Alberto Fernández, en obsesión para quitarse de encima esa espada de Damocles. Las causas abiertas, algunas en proceso de juicio oral y la mayoría en espera, son las denominadas Hotesur/Los Sauces, negociados en la obra pública, dólar futuro, los cuadernos de las coimas y el encubrimiento por la firma del memorándum con Irán del atentado a la AMIA. Este último caso es el que más la inquieta a la expresidenta, un proceso que roza lo que hace 6 años conmovió a la Argentina y al mundo: la repentina y sospechosa muerte del fiscal que investigó el ataque a la mutual judía, Alberto Nisman.

Precisamente, el 14 de enero de 2015, el doctor Alberto Nisman denunció a la entonces presidenta Cristina Kirchner por supuesto encubrimiento de Irán por la firma del Memorándum de Entendimiento en el marco de su investigación del sangriento atentado a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994. Cuatro días después, el domingo 18 de enero de 2015, el fiscal fue hallado muerto en su departamento de Puerto Madero con un tiro en la cabeza, a pocas horas de su presentación en el Congreso Nacional.

Nisman acusó a la presidenta Cristina Kirchner y a su canciller Héctor Timerman de pactar un acuerdo con el régimen iraní en febrero de 2003 para proteger a los responsables intelectuales y materiales del ataque terrorista a la sede de la mutual judía en Once. Según el fiscal, las maniobras del gobierno nacional para borrar a Irán del caso AMIA fue a cambio de acuerdos comerciales con Teherán. Para poder materializar este arreglo era necesario garantizar la caída de las alertas rojas que pesaban sobre varios altos funcionarios iraníes, hecho que jamás ocurrió. Ademas de Cristina Kirchner y Héctor Timerman, la denuncia de Nisman alcanzaba al diputado K, Andrés “Cuervo” Larroque, al piquetero oficialista Luis D’Elía, al líder de Quebracho, Fernando Esteche y al argentino/iraní Jorge “Yussuf” Khalil. Además fueron procesados el por entonces secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, el jefe de la AFI, Oscar Parrilli y su segundo, Juan Martín Mena.

Jorge “Yussuf” Khalil y Luis D’Elía bajan del camión celular en Comodoro Py para declarar ante el juez Claudio Bonadio.

Los fiscales pidieron que para la lista de testigos del juicio se llame al exjefe de Interpol, Ronald Noble, y su segundo, Joel Sollier. Quieren saber si la firma del memorándum con Irán implicaba el cese de las alertas rojas. Sobre Noble, el fiscal federal Marcelo Colombo, aseguró que “no existe imputación formal” como lo pidieron los querellantes. El fallecido juez Claudio Bonadío, quien instruyó la causa hasta que fue elevada a juicio, puso en duda el accionar de Noble.

Mas allá de la compleja trama judicial, tanto en la instrucción como el demorado comienzo del juicio oral, están las oscilantes posiciones que tuvieron los hoy más altos funcionarios del poder argentino: Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Cuando el actual presidente estaba distanciado y enfrentado públicamente con Cristina, declaró en varios medios: “Nadie en la Argentina cree que Nisman se ha suicidado. La primera que no lo cree es Cristina Fernández de Kirchner”. Últimamente, restablecida la relación con Cristina, cambió de visión y declaró: “No apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron”.

Por su parte, Cristina Kirchner también fue y vino con distintas hipótesis y teorías sobre la muerte del fiscal del caso AMIA, oscilando entre el homicidio y el suicidio. Parece que (aunque cueste creerlo) ambos socios del Frente de Todos se esclarecieron, despejaron todas sus dudas, cuando vieron el documental de Netflix “Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía”. En su libro “Sinceramente”, Cristina primero plantea sospechas sobre la muerte del fiscal y pone al exagente de la SIDE, Antonio “Jaime” Stiusso en medio de la escena. En otra parte del texto, la expresidenta también abona la hipótesis del suicidio, citando argumentos del libro del periodista Pablo Duggan “¿Quién mató a Nisman?”, donde el autor refuta las pericias de Gendarmería y toma partido por el suicidio.

Finalmente, Cristina resaltó en sus redes sociales el trabajo del documental de Netflix y criticó cómo se manejó la Justicia al investigar la muerte para perjudicarla. “La verdad es algo que nunca buscó Comodoro Py ni la mayor parte del Poder Judicial”, concluyó la vicepresidente. Libros, documentales, expedientes judiciales. Todo mezclado, como las opiniones de los principales protagonistas de esta macabra historia, de la que se cumplen 6 años.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here