En una campaña con discursos plagados de simplificaciones ideológicas, el Frente de Todos (FdT) pide una “reválida” con la idea de “reconstruir” el país tras la salida de la pandemia de coronavirus, mientras Juntos por el Cambio (JxC) apuesta a un mensaje “ciento por ciento contraidentitario”, en el que se trata de “anular” al otro, opinaron analistas consultados por Télam.

Los principales precandidatos quedaron presos del uso mediático de “discusiones secundarias”, que poco tienen que ver con el “rumbo y el destino del país”, porque “no encontraron fórmulas” para desarmar esa lógica de las redes sociales y de ciertos medios de comunicación y poder entonces “interpelar o movilizar a los segmentos blandos”, es decir a los votantes volátiles, sin arraigo a una fuerza o partido, explicó Shila Vilker, analista política de la consultora Trespuntozero.

“La campaña quedó atrapada en el garche y el porro”, en donde termina teniendo más peso la “noticia del día” que la estrategia de comunicación de los espacios, explicó Vilker y agregó que a partir de esos hechos los adversarios -de uno y otro lado- “salen a tomar el guante” para desacreditar a la competencia.

Sin embargo, más allá de estos rasgos generales de la campaña, el discurso del Frente de Todos “revitaliza la idea de reconstrucción, pidiendo una especie de reválida tras la salida de la pandemia, que no se termina de cristalizar con facilidad”, reflexionó Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (Elice).

En contraste, el mensaje de Juntos por el Cambio “es 100% contraidentitario”, dijo Riorda y puso tres ejemplos: “María Eugenia Vidal hace campaña con la idea de ‘ponerle un freno al kirchnerismo’; otra candidata del espacio propone que la voten para ‘dejar atrás a Cristina’ y en la interna de Córdoba, la lista de Luis Juez se presenta como el sector más fuerte para “confrontar” con el peronismo.

Foto: Pepe Mateos.

Foto: Pepe Mateos.

En ese caso, “el límite no es programático, no tiene que ver con proyectos, sino con poner frenos”, remarcó y planteó que así la campaña funciona como un “plebiscito emocional, una polarización afectiva y una fractura social expuesta”.

“Son expresiones que dan cuenta de posturas dicotómicas, sin grises, en torno a los temas; se generan polarizaciones de ‘blanco o negro’, que implican la activación constante de simplificaciones ideológicas, como populismo-antipopulismo, república-dictadura o república- comunismo”, apuntó.

De igual manera, para Vilker, se trata de “la lógica del contraste permanente”.

“Sin ser candidatos, las dos personas que expresaron mayores definiciones políticas fueron Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri”, advirtió por su parte el sociólogo y analista político Carlos De Angelis.

A modo de ejemplo, argumentó que mientras la Vicepresidenta habla a favor de un “capitalismo regulado”, el líder del PRO ratifica las políticas de Cambiemos –ahora Juntos por el Cambio- cada vez que analiza su gestión y sostiene: “deberíamos haber hecho lo que hicimos, pero en 2 días”, sólo poniendo en cuestión el ritmo de las reformas implementadas por su Gobierno.

En las consultas realizadas por Télam, los analistas coincidieron en que la práctica del “contraste” y las “simplificaciones ideológicas”, la “muerte del debate de proyectos” y las definiciones “contraidentitarias” fueron hasta ahora la marca de los discursos de campaña de las principales fuerzas que competirán en las PASO, con estrategias efectivas para el voto cautivo de cada espacio, pero de alguna manera “indiferentes” para la porción del electorado “fluctuante”.

Foto: Pepe Mateos.

Foto: Pepe Mateos.

Al igual que Vilker y Riorda, Paola Zuban y Gustavo Córdoba, a cargo de la consultora de comunicación estratégica Zuban Córdoba y Asociados, las campañas dejaron de ser “eficaces” porque están asociadas a una “indignación selectiva” de los votantes fieles de uno y otro espacio y no gravitan en el segmento “blando” del electorado, más enfocado en la coyuntura de su vida diaria.

“La realidad es que las campañas han muerto; han cambiado 360 grados desde que se concebían como un proceso en el que se informaba al ciudadano, se presentaba propuestas y se hacía visibles a candidatos que podían ir construyendo un camino hacia en un cargo ejecutivo; hoy cumplen la función de confirmar la opinión que ya tenía cierto sector de la población”, evaluó Zuban.

Para Córdoba, “hoy se puede ganar una elección sin campaña, sin slogan y sin spot, pero entendiendo el contexto” social porque, en términos de impacto, “vale más un discurso negador y negativo que algo propositivo”.

“El marketing te da un manual, pero si no se entiende el contexto no alcanza para ganar una elección”, apuntó y puso como ejemplo la derrota de Mauricio Macri en el 2019, pero advirtió que actualmente existe una “falta de empatía” general de todos los precandidatos hacia las problemáticas reales de los ciudadanos.

Con una óptica similar, De Angelis juzgó que por momentos pareciera que los candidatos “le hablan a un espejo, sin propuestas concretas” porque “no saben qué decir ni qué proponer a una sociedad que está muy lejos de la política y de la elección”.

“Es una campaña en la que además nadie puede hablar de economía, ni los precandidatos del Gobierno ni los macristas”, sintetizó y recordó: “El macrismo se construyó por el ‘te arreglo el bache y te pongo la lamparita en la calle’, pero en el contexto actual no aparece nada de eso”.

Cafiero, en campaña.

Cafiero, en campaña.

En este sentido, Zuban sostuvo que “hay tonos distintos” en los discursos del FdT y de JxC y analizó que “la campaña del oficialismo tiene un tono más positivo y la de la oposición, uno más negativo”, pero ambas “coinciden en que le hablan al núcleo duro y no al porcentaje fluctuante”, más atento a “cuestiones de su coyuntura” y sin “lealtad ideológica ni partidaria”.

La ausencia de un discurso que tenga como destinatario a esos votantes vuelve estériles las campañas porque, finalmente, sólo terminan reforzando adhesiones político-partidarias preexistentes, coincidieron todos los analistas consultados.

Como ocurrió en los últimos años, el escenario electoral está atravesado por las fake news, que -sintetizó Córdoba- “fueron pensadas para generar un daño en la política”.

“Las redes sociales le dieron argumentos a los intolerantes porque ahora creen que son muchos; el debate pendiente es cómo hacer para que los consensos democráticos entren en los debates virtuales”, reflexionó.

Vilker también apuntó a la influencia de las redes sociales en la campaña, a diferencia de lo que ocurría décadas atrás cuando “el sistema central de medios de comunicación estaba compuesto por la televisión y los diarios” y ellos “ordenaban el caos de la realidad y jerarquizaban la información”.

“Ahora, en cambio, la segmentación de las redes genera dificultad a la hora de ordenar la información y, al carecer de un marco que ayude a construir subjetividad, nos volvemos vulnerables a la información falaz”, explicó.