Una de las grandes intrigas que manejan los futbolistas profesionales en los últimos pasos de su carrera es cómo continua la vida una vez que deciden colgar los botines. Existen antecedentes de jugadores millonarios que cayeron en bancarrota en pocos años por mal manejo de los fondos conseguidos mientras jugaban al fútbol. Pero como hay de estos casos negativos, también se pueden encontrar experiencias positivas en el campo de la pelota y Víctor Matías Bocchio es una de ellas.

El origen de su pasión verdadera en el fútbol despertó de manera repentina en un Platense-Boca en cancha de Vélez. Tuvo la fortuna de ir como alcanzapelotas y cuando salió de la cancha le contó su nuevo sueño a su padre: “Yo quiero ser jugador profesional”. Sus primeros pasos dentro del deporte que ama se dieron en el Club Talar hasta que a los seis años comenzó el camino en Platense. “Allí conocí a grandes maestros del fútbol y de la vida. Me olvidaré de alguno, pero tengo que mencionar a Daniel Cholo PavónRiveiroRoberto SantiagoRoque Alfaro y Gerardo Tata Martino. Estos dos últimos, especialmente, fueron importantísimos”, explicó el ex defensor central en charla con Infobae.

Luego de transitar todas las divisiones inferiores solo le restaba esperar que el director técnico del primer plantel decidiera que era momento de que se estrenara en la máxima categoría del fútbol argentino. El 12 de agosto de 1997, en la fecha 19 del Clausura de dicho año, el arduo trabajo dio sus frutos y tuvo la mágica oportunidad de estrenarse como titular en la primera de Platense.

– ¿Cuál es el recuerdo de tu debut frente a Rosario Central′?

– Tuve que marcar a Rubén Polillita Da Silva, uno de los mejores jugadores del campeonato, y tenía muchos nervios. Sin embargo, Platense tenía un plantel genial, con compañeros como Humberto Pipi VáttimosPablo Erbín y Sergio Mandrini, entre otros. Ellos me apoyaron mucho y esto me hizo salir confiado a la cancha. También me sirvieron la confianza del entrenador Carlos Picerni y la charla previa al partido con Roque Alfaro. Con todo eso, salí a jugar como si se tratara de un entrenamiento. Cuando estás rodeado de buenos profesionales, te sentís respaldado… y este detalle se repite en la actividad que hoy en día desarrollo.

Matías (derecha) en sus épocas de inferiores en PlatenseMatías (derecha) en sus épocas de inferiores en Platense

– ¿Disfrutaste tu estadía en Platense más allá de los resultados adversos? ¿Con qué jugadores de ese momento tenías buena relación? ¿Esa relación sigue en la actualidad?

– Mi etapa en Platense fue cumplir el sueño de aquella tarde en el estadio José Amalfitani. Una realidad, porque los resultados son anécdotas. Platense es un club que forma muy buenos jugadores, pero que en ese momento se desprotegió: vendió mucho y no se renovó el contrato de futbolistas con experiencia. Tuvimos diez partidos malos y eso nos condenó. En cuanto a mi relación con los jugadores de aquella época, Sergio Mandrini es uno de mis mejores amigos, estoy trabajando con el hijo de Pablo Erbín, sigo en contacto con Víctor Hugo Lorenzón (que ahora está trabajando en China), con Walter Lorito Jiménez (que está en México) y siempre me veía con Mauricio Hanuch cuando venía a Portugal. El Turco merece un recuerdo especial. Era una gran persona y es una pena que nos haya dejado tan joven. Salió de las inferiores de Platense como yo, pero él jugaba bien.

La cereza de la estadía de Matías en Platense se gestó nada más y nada menos que en La Bombonera. El Calamar llegaba como el menos favorito a ganar el partido, pero aquella segunda fecha del Clausura 1998 terminó en la historia dorada del cuadro de Vicente López: goleada 4-0 como visitante. Bocchio ingresó en la segunda mitad y recibió una patada de atrás de Claudio Paul Caniggia, quien se fue expulsado y mientras se retiraba silbado por la gente le dijo unas palabras al defensor.

– ¿Cómo fue estar presente en el histórico 4-0 a Boca en La Bombonera? Caniggia te tiró una patada que quedó para el recuerdo ese día…

– Estar ahí, en ese momento y con la cancha llena, para lograr ese triunfo, fue un éxtasis. Fue todo lo que se sueña cuando te dedicás al fútbol. También fue algo increíble, por el equipo que Boca tenía en ese torneo. Todos eran cracks, pero nosotros teníamos al Turco, se alinearon los planetas y ganamos. Fue una sensación indescriptible. Lo de Claudio fue un accidente. Chocó con mi brazo, se enojó y reaccionó mal. El árbitro lo vio y ya sabemos lo que pasó después. En mi cabeza recuerdo a Pablo Erbín gritándome “Mati, callate, no le hables más que ya lo echaron” y a Caniggia acordándose de mi mamá.

Con 28 partidos oficiales jugados con la camiseta de Platense, no pudo continuar defendiendo al Marrón. “La salida se dio porque ya se había cumplido un ciclo. Personalmente, quería cambiar de aires, lejos de mi casa: Platense es mi casa, porque me hizo futbolista, que es lo que soñaba desde chiquito, me formó en principios y valores… Pero yo tenía que probar nuevos destinos”, reveló Matías quien comenzó un camino por la B Nacional. Arrancó en All Boys con Sergio Checho Batista como entrenador durante poco tiempo. Luego pasó a El Porvenir donde lo dirigió Ricardo Caruso Lombardi, quien sorprendió a Bocchio: “No conozco un entrenador que sepa tanto de jugadores y tenga los conceptos tan claros”.

Antes de pegar el salto a Europa, pasó por Defensores de Belgrano con Jorge Busti como director técnico y Marcelo Achile como presidente, quien sigue al mando hasta la actualidad. “La verdad es que El Dragón me hizo volver a sentirme como en casa, por todo. Me encantaría que ascendiera: es un club que institucionalmente hace todo bien. Se merece algo más, por su gente y por su presidente”, declaró en recuerdo el último club por el que pasó previo a cruzar el charco.

– Después te vas a jugar a Alemania en dos ciclos distintos. ¿Cómo llegó esa primera oferta? ¿Pudiste adaptarte bien?

– Cuando llega la oferta, hacía cuatro meses que tenía pasaporte comunitario porque el abuelo de mi papá era italiano. Con un amigo, miramos en Internet dónde quedaba Düsseldorf y acepté al instante. La verdad es que estaba esperando el llamado, por la relación que tenía con Víctor Hugo Lorenzón y con Tomasso, el tío de David Trezeguet. La adaptación fue fácil. Yo quería quedarme y Alemania es un país hermoso. La gente, desde afuera, parece fría, pero no lo es. Si aprendés el idioma y te esforzás, lo aprecian mucho. Tienen una cerveza impresionante y de las mujeres mejor no hablo. Solamente te digo que ahí conocí a mi mujer, la más bella de todas. Ahora tengo dos hijas (Angelina y Sofía) y estoy muy feliz con la familia que formé.

Matías Bocchio fue uno de los últimos amonestados por Javier Castrilli, la tarde que el juez se retiró del referato en un Platense 1-3 Gimnasia de Jujuy
Matías Bocchio fue uno de los últimos amonestados por Javier Castrilli, la tarde que el juez se retiró del referato en un Platense 1-3 Gimnasia de Jujuy

– ¿Qué es lo que más rescatás de tus pasos por el Waldhof Mannheim y el Fortuna Düsseldorf?

– Principalmente, rescato la profesionalidad. Los dos clubes son súper profesionales y serios. Llegás a entrenar a las ocho y te dan el desayuno: entrenás, te bañás, vas a la sesión de masajes y sauna. Te dan el almuerzo, dormís la siesta y luego es el momento de los videos o el entrenamiento en doble turno. Por eso están tan bien. Llegás ahí, ves cómo trabajan y te das cuenta de por qué tienen el nivel que tienen. Sigo trabajando para el Fortuna en el área de scouting, principalmente siguiendo futbolistas en Argentina y España. Es un club ideal para jugar toda la vida.

Sin poder gestar su retiro profesional en el Platense de Vicente López, decidió hacerlo en el de Honduras para poder cerrar su carrera. Una vez finalizada su trayectoria como futbolista, se mudó a Barcelona donde tenía todo su futuro planeado: salió tal cual su diagrama. “Mi padre trabajaba en la industria náutica y nos hicimos socios de Bianchi, una empresa italiana con la cual mi padre colaboraba y que se dedica a la importación de máquinas expendedoras para hotelería. Luego comenzamos a construir restaurantes para terceros”, explicó Matías sobre sus primeros pasos alejado del fútbol.

Todo parecía ir sobre ruedas hasta que en 2010 los problemas económicos azotaron España: “Cuando se desató la crisis, decidimos aprovechar la oportunidad y nos quedamos con algunos locales de comida. Llegamos a tener cinco, que luego vendimos porque la construcción nos demandaba mucho tiempo y no podíamos con todo”. Dentro de un giro de negocios, fundó el emprendimiento que lo hizo avanzar en el terreno de la construcción: “Ahí nació nuestra empresa. Nos dedicamos a la construcción industrializada de casas sostenibles y ecológicas, pero también a las casas de lujo y a los autos de alta gamaAyudamos a inmobiliarias y fondos de inversión a llevar a cabo sus proyectos”.

Bocchio (derecha) junto a Mariano Campodónico en cancha de RiverBocchio (derecha) junto a Mariano Campodónico en cancha de River

– ¿Cuál es el próximo objetivo en tu vida empresarial?

– Este año lanzamos una nueva empresa dedicada al súper lujo y me siento muy orgulloso de ella, porque los proyectos que promueve son increíbles. Nos sorprendemos cada vez que vemos lo que los arquitectos pueden diseñar. Como nosotros somos especialistas en nuevas tecnologías, podemos ayudar desde adentro con el diseño. Nos sentimos partícipes de cada casa, de cada idea. Digamos que es una sensación equiparable a meter un gol. Obviamente, todo esto no lo hice solo. Cuento con el apoyo inestimable de mis socios y mi familia, que son una parte fundamental de mi día a día. Mis padres, con setenta años, todavía me apoyan y trabajamos codo a codo. Mi hermano Néstor (también ex futbolista) me acompaña a diario en este emprendimiento que montamos juntos y es una alegría tenerlo a mi lado, junto a mis socios.

– ¿Se vive mejor que en Argentina?

– En España se vive mejor, sin duda. Hay más seguridad, lo cual se agradece, y eso incluye a los negocios y a la estabilidad de la economía: las inversiones son seguras. De hecho, muchos de mis amigos están invirtiendo en nosotros.