Son días de señales contradictorias desde el campo argentino. Por un lado, el volumen de las liquidaciones le sigue aportando un imprescindible oxígeno al Banco Central, pero por otra parte ya se dejan entrever problemas que anticipan un cambio de situación a futuro.

De momento, los funcionarios siguen celebrando el récord de julio: las empresas agroexportadoras liquidaron u$s3.520 millones. El monto, récord para ese mes en las estadísticas desde comienzos de este siglo y en toda la serie histórica, representó un aumento de 5% con respecto del mes anterior y un incremento de 53% en relación al mismo mes de julio de 2020. En tanto, en los primeros siete meses del año el ingreso de divisas acumulado de la agroexportación alcanzó los u$s20.179 millones,

Es una cifra que se ubica por encima de las previsiones más optimistas. De todas formas, confirma la presunción de que la gran entrada de soja dólares inició su descenso.

Simultáneamente hay caras de preocupación en el sector agropecuario. Uno de los problemas es de tipo climático: la histórica bajante del río Paraná está poniendo en duda la normal continuidad de la exportación, o al menos está instalando la preocupación sobre un encarecimiento en los costos logísticos.

De hecho, hay economistas que están calculando que el efecto del río Paraná puede equivaler a una reducción de hasta 5% en el precio del cereal.

La reducción en el caudal de Paraná obedece a la falta de lluvias en Brasil, la zona de los afluentes del río. Y la gravedad del tema llegó a tal grado que Daniel Scioli, embajador argentino en Brasilia, hizo una gestión diplomática ante las autoridades brasileñas para que se abrieran las presas, de manera de liberar agua que pudiera paliar la situación.

Pero está claro que se trataría de soluciones parciales hasta que no vuelvan las lluvias, cosa que no ocurrirá hasta dentro de tres meses. Mientras tanto, la logística de los embarques está sufriendo las consecuencias.

La histórica bajante del Paraná encarece costos y pone una nota de duda sobre el negocio agrícola

La histórica bajante del Paraná encarece costos y pone una nota de duda sobre el negocio agrícola

 

En Rosario se habla de una merma de más de 10.000 toneladas por buque– puede equivaler a un 40% de la capacidad-, lo que obliga a completar la carga en muelles marítimos, lo que implica un costo de flete.

Irónicamente, esa crisis ocurre en pleno debate político sobre la re-estatización de la hidrovía, una iniciativa que los empresarios han resistido por entender que hará menos eficiente la operatoria de comercio exterior.

De hecho, Daniel Nasini, titular de la Bolsa de Comercio rosarina destacó que el año pasado, cuando también se sufrió una bajante, se pudo operar con normalidad y que la situación actual sería mucho peor de no ser por el trabajo de dragado de los concesionarios privados.

Soja en retroceso

 

Pero mientras ruegan por la vuelta de las lluvias, los empresarios agropecuarios están atentos a lo que digan las pantallas del mercado de Chicago, donde se ve un nivel de volatilidad que no es apto para los amantes de la previsibilidad.

Este martes, la soja sufrió su peor caída en 4 semanas y se acerca a los 500 dólares.

La oleaginosa descendía un 3% y se vendía a menos de u$s510 por tonelada para agosto. Dicho descenso se registró “luego de que el informe semanal emitido por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) mostrara mejores calificaciones de las esperadas por el mercado en el progreso del cultivo”.

Al haber más volumen, hay menos sostén de los precios. Por eso, en el campo argentino ya está instalada la idea de que el precio récord de u$s600 no se repetirá.

En otras palabras, hay una sensación de que lo mejor que el campo tenía para ofrecer a la economía ya está pasando. Los expertos del sector afirman que la liquidación fuerte continuará por dos meses, pero que en el último cuatrimestre habrá una marcada disminución.

Esto ocurrirá por la conjunción de varios factores. El primero es estacional: los productores liquidan la mayor parte de la cosecha entre abril y julio, y luego van “regulando” a medida que necesitan saldar obligaciones. El segundo motivo es político: en años electorales, se exacerba ese conservadurismo, sobre todo por la expectativa de tomas de medidas inmediatamente después de los comicios. Y el tercero es de índole cambiario: cuanto mayor sea el “ruido” en el mercado -como está ocurriendo ahora por la suba del paralelo- menor será el incentivo para sacar los porotos de los silobolsas.

Puesto en números, los consultores del sector creen que a partir de septiembre, la liquidación del sector agroexportador será apenas la tercera parte de lo ingresado el año pasado, cuando hubo ventas por u$s6.900 millones.

De no haber sido por el aporte de las retenciones a la exportación agrícola, la recaudacion de AFIP sería un 7,5% menor a la obtenida hace dos años

De no haber sido por la mejora en las retenciones a la exportación agrícola, la recaudacion de AFIP sería un 7,5% menor a la obtenida hace dos años

 

Esto implica una preocupación tanto en el plano cambiario como en el fiscal. En el semestre dorado de las exportaciones agrícolas, el Central compró u$s6.500 millones en el mercado, lo cual le permitió aumentar sus reservas netas en u$s3.000 millones.

De esa forma se mantuvo estable el mercado y se produjo la caída en las cotizaciones de los dólares paralelos.

Sin embargo, en los últimos días de julio, la tendencia cambió: la mesa del BCRA tuvo que intervenir con ventas de divisas por primera vez desde el último 30 de abril ante la caída en la oferta de dólares por parte, básicamente, de las cerealeras. Y de la sostenida demanda de los importadores.

Justamente, desde el Banco Central explican: “Están volando las importaciones, muy por encima de la pre pandemia y del promedio del año. Junio y julio fueron de muchas importaciones, especialmente suben bienes intermedios y de capital. Debería significar que hay inversión y producción, que en algún momento se reflejará”.

Así, a pesar de las últimas restricciones en el mercado cambiario, julio se convirtió en el mes con mayor volumen de intervención del Banco Central en el “contado con liqui”, con el objetivo de contener la tendencia alcista en la cotización del dólar.

A falta del cómputo de los últimos dos días del mes, esa intervención ya trepó a los u$s350 millones, con lo cual alcanzó el nivel récord de enero, cuando utilizó u$s353 millones, de acuerdo a la estimación que hace el economista Amilcar Collante.

La paradoja de la caída en la siembra

 

Hay todavía un efecto que hace más incierto el futuro del aporte del agro a la economía. En el campo, las retenciones y el cepo opacan el boom de los precios. Y esto está generando un fenómeno inédito: una caída en la superficie sembrada de soja.

Según la estimación del consultor Salvador Di Stefano, una vez efectuada la retención, vendidos los dólares al tipo de cambio oficial y recomprados al de mercado, la situación actual del productor es que se queda con u$s187 por cada tonelada exportada. Es decir, menor al promedio del gobierno de Mauricio Macri -u$s250- y al de Cristina Kirchner, que en su mejor momento rondó los u$s280.

En ese marco, se espera que esta campaña marque un récord: el de menor superficie sembrada de soja en los últimos 10 años. Con lo cual, por cada hectárea de maíz o trigo sembrada quedaría apenas 1,4 hectáreas de soja, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

En contraste, hay un boom de otros cultivos, como el maíz, cuyo nivel de retenciones es de 12% frente al 33% de la soja. Las estimaciones técnicas apuntan a que en la próxima campaña haya un incremento anual de 137.000 hectáreas de maíz y 50.000 de trigo. En contraste, se espera que la soja pierda 100.000 hectáreas (equivalente a un 2% del nivel actual).

En el campo, este fenómeno no necesariamente se ve como algo negativo. Más bien al contrario, el temor pre-existente era el de una excesiva “sojización”, que degrada la calidad de la tierra. Por otra parte, se considera que cultivos como el trigo y el maíz movilizan mayores niveles de inversión en la economía doméstica.

Pero visto desde la óptica de los funcionarios que sacan las cuentas fiscales, monetarias y cambiarias, la soja es lo más parecido que existe a un salvavidas en medio de una tormenta. Y todo indica que su función de salvataje, que funcionó a la perfección en el primer semestre, empezará a decaer en el segundo.