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Escuela de barras: cómo fue el origen argentino de la cruda violencia en el fútbol mexicano

Hasta 1997, ir a la cancha en México era una experiencia extraña para cualquier hincha del fútbol argentino. La gente iba mezclada, no existía la tribuna para un equipo en una punta del estadio y la otra popular para el equipo contrario, no había diferencias entre simpatizantes del local y visitante y la imagen típica que entregaba el espectáculo azteca era ver entreverados con sus camisetas de distintos clubes a los fanáticos que gritaban goles uno al lado de otro sin que se produzca la más mínima gresca. Sí, hubo una época que en el fútbol mexicano no se hablaba de violencia, de rivalidad, de barras ni nada por el estilo. Pero eso terminó en 1997 y empezó a crecer una historia que llegó al paroxismo el sábado pasado, cuando la barra de Querétaro fue a buscar a la de Atlas en medio del partido entre ambas instituciones y se vivieron momentos dantescos, como pocas veces vistos no sólo en México sino en Latinoamérica y que dejó un saldo según el parte oficial de 29 heridos de los cuales hasta esta tarde había siete que estaban peleando por su vida. Fuentes no oficiales hablaron de víctimas fatales pero hasta ahora el estado de Querétaro no ha informado de ninguna.

¿Qué pasó en ese 1997 para que la historia empezara a virar? El germen del giro fue un argentino, Andrés Fassi, actual presidente de Talleres de Córdoba y que por entonces era miembro importante de la junta directiva del Pachuca. Este club había perdido la final del Ascenso a Primera ante el Celaya en 1995 y Fassi creyó que probablemente con lo que él llamó “una grada de animación”, es decir un grupo que se adueñara del centro de la popular y con cotillón e instrumentos de viento instara a alentar al equipo, la historia podría haber sido distinta. “El estadio fue un cementerio, el ánimo de la gente se fue apagando conforme pasaron los minutos y no anotábamos”, expresó aquel Fassi según los medios mexicanos cuando explicó el proyecto de la grada de animación. De hecho, cuando en 2014 la violencia en los estadios mexicanos ya arreciaba y el Congreso decidió hacer una comisión especial para estudiar el fenómeno, el diputado Gerardo Liceaga hizo la exposición dejando en claro en la Legislatura que todo había comenzado a partir de la idea de Fassi y que si bien Pachuca no tenía una barra violenta fue el modelo que tomaron el resto de los clubes cuyas gradas de animación terminaron radicalizándose hasta dejar al fútbol mexicano en un estado de violencia constante.

Barra de Pachuca.

Claro que además por mediados de los 90 los mexicanos no tenían mucha idea de cómo generar ese tipo de fenómeno. Por lo que la Ultra Tuza, cómo se llamó la barra de Pachuca, necesitaba maestros. Y ahí volvieron a aparecer argentinos: en México todos hablan de la influencia de la barra de Rosario Central primero, de la de Racing después y de la del Saprissa de Costa Rica como los que marcaron el rumbo. Por Rosario siempre se dijo que fue Oscar Pacomono Ferreyra, hombre clave de la tribuna Canalla entre mediados de los 90 y 2009, quién lideró aquella escuela de barras. Y que su amistad con los líderes de entonces de La Guardia Imperial, entre quienes se destacaba Jaimito Heredia, generó también los vínculos de la Acadé con la Ultra Tuza. Y la historia refleja que los argentinos viajaron apenas un tiempo y después dejaron la conformación en manos de la barra del Saprissa, geográficamente más cercana para monitorear todo. De hecho, la Ultra Tuza hizo su debut el 25 de enero de 1996 nada más ni nada menos que contra el América de Marcelo Bielsa.

A partir de ese invento, todos los otros clubes comenzaron a montar sus gradas de animación. Y para el ´97 ya se habían conformado la Rebel de Los Pumas, Legión 1908 de Chivas, Libres y Lokos de Tigres, La Adicción de los Rayados de Monterrey, La Monumental de América, La Locura 81 de Morelia, La Barra 51 de Atlas, Los de Arriba de León y muchas más. Cierto, en el momento en que Pachuca tuvo la idea jamás la intención fue crear grupos violentos, que es lo que Fassi remarca a cada paso poniendo de ejemplo a la propia Ultra Tuza, considerada la más pacífica de la Primera División. Pero el concepto original en los otros clubes fue mutando y a mediados de los 2000 varios capos barras de los equipos más importantes viajaron a la Argentina a ver el funcionamiento del negocio local y estuvieron en Independiente, Boca y River aprendiendo tácticas y técnicas que después trasladaron a sus estadios. De hecho, lo que había comenzado como un intento naif se convirtió en una organización similar a lo que se vivía en la Argentina con barras con micros, tickets y merchandising propio.

El espiral de violencia empezó fuerte en la segunda década de este siglo y en 2014 hasta se implementó en algunos estadios como el de Chivas un derecho de admisión parecido al que tenemos en nuestro país. Pero nada detuvo la nueva dinámica y con un clima social efervescente y el ingreso de gente que en los cárteles de droga tiene bajo rango pero en la tribuna adopta una posición más fuerte, la situación empezó a desmadrarse mal. Y este sábado pasado ocurrió el hecho más grave del que se tenga memoria. Algo que allá por 1996, cuando se pensó en dotar de espectáculo a las tribunas, parecía imposible de suceder

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