Cuando terminó la Cumbre de Presidentes del Mercosur, el jueves de esta semana, una sensación de alivio se apoderó del jefe de Estado argentino, Alberto Fernández, y de quienes lo rodean y se encargan de las tareas diplomáticas. Ante las tensiones previas y el anuncio uruguayo de que estaba dispuesto a negociar por fuera del bloque supusieron el peor final. El tono conciliador que escucharon de parte de Luis Lacalle Pou y de Jair Bolsonaro los dejó más tranquilos y a la vez frente a un desafío gigantesco: como reconstruir en lo inmediato la relación con ambos socios comerciales para que el Mercosur siga en pie.

De esa reconstrucción depende Argentina para no quedar “aislado” en la región. Principalmente el acercamiento deberá producirse con Brasil y con Uruguay que son los miembros plenos que pretenden cambios radicales para que el Mercosur continúe en funcionamiento. Los dos países, con argumentos diferentes y también algunas coincidencias, plantean que el bloque debe modernizarse y adaptarse a los cambios que el intercambio comercial en el mundo registró en los últimos años. El Mercosur tiene, para Lacalle Pou y también para Bolsonaro, reglas arcaicas a las que hay que reformular.

Uruguay pretende romper una regla básica del mercado común que nació hace 30 años con el Tratado de Asunción. Quiere “flexibilizar”, o sea permitir que cada país pueda negociar con terceros países sin la autorización o el consenso de sus socios del bloque. Por ejemplo, si Uruguay quisiera establecer un contrato para importar productos electrónicos con algún país del sudeste asiático, lo podría hacer. Esta estrategia de negociar juntos se había establecido para que los productos importados no afecten las producciones locales.

“Flexibilización, distintas velocidades, veamos el nombre, pero Uruguay necesita avanzar. Vamos a proponer formalmente que se discuta el tema de la flexibilización. Uruguay necesita que técnica y políticamente el Mercosur tome una decisión al respecto. No hay tiempo para grandes diálogos y comisiones, es tiempo de actuar”, había propuesto Lacalle Pou en la anterior reunión de presidentes del 26 de marzo cuando se cumplieron tres décadas de la creación del Mercosur.

En la imagen un registro del presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, en Montevideo (Uruguay). EFE/Raúl Martínez/Archivo
En la imagen un registro del presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, en Montevideo (Uruguay). EFE/Raúl Martínez/Archivo

Para los uruguayos el comercio a nivel internacional de su producción mayoritariamente agro-ganadera es cada vez más complejo. Dentro del Mercosur no puede vender la mayoría de sus productos. Y en este marco se incrementó su dependencia de las importaciones de China, que pasó a ser su principal comprador. Este aspecto lo obliga a impulsar la apertura de nuevos mercados.

El mundo va muy rápido, se está entrelazando comercialmente. El final del COVID-19 va a hacer que estas negociaciones se disparen. El mundo va hacia allá y no nos va a esperar. Por eso, con tranquilidad, les queremos decir que hacia allá va el Uruguay. Ojalá vayamos todos juntos”, expresó el presidente uruguayo marcando que su país tomó la decisión de negociar en forma unilateral pero dejando una puerta abierta para seguir conversando sobre un tema tan sensible.

Brasil acompaña la posición uruguaya y además pretende que el Arancel Externo Común (AEC) se reduzca drásticamente para ganar competitividad. En promedio este arancel en el bloque es del 13% (el impuesto que paga cada mercancía al ingresar al Mercosur por cualquiera de sus Estados Partes) y Bolsonaro junto a su ministro de Economía, Paulo Guedes, y secundado por Uruguay, quiere rebajarlo al 6 o 7%. A nivel mundial, en promedio, el arancel ronda el 5,5%.

Argentina propuso hace un par de meses que esa reducción del AEC se haga de manera progresiva: una baja del 10% ahora y otra para 2022. Pero no fue aceptada. “Argentina optó por no afectar los bienes finales, resguardar la competitividad de nuestro sector industrial para no afectar a los sectores más sensibles. Creemos que se puede avanzar en este marco”, había explicado el secretario de Relaciones Internacionales de la Cancillería argentina, Jorge Neme, el 10 de junio, antes de que se suspendiera la reunión de cancilleres del bloque.

Alberto Fernández (c); al canciller, Felipe Solá (i) y el ministro de Desarrollo Productivo; Matías Kulfas (d); durante la cumbre virtual del Mercosur, en Buenos Aires Alberto Fernández (c); al canciller, Felipe Solá (i) y el ministro de Desarrollo Productivo; Matías Kulfas (d); durante la cumbre virtual del Mercosur, en Buenos Aires

La esperanza argentina se basa en que esta vez, si bien Bolsonaro se mostró proclive a acompañar la postura de Montevideo criticando el uso de la regla del consenso como instrumento de veto y reafirmando que mantendrá sus “esfuerzos” por “la revisión de la tarifa externa común y la flexibilidad para las negociaciones” comerciales, su discurso rozó la moderación.

Debemos tratar la flexibilización de negociaciones con países externos”, dijo el presidente brasileño en la reunión virtual del jueves. Y agregó que desea que sus “socios de la integración” lo acompañen en los ideales de “apertura, democracia y libertad”.

Alberto Fernández y el canciller Felipe Solá entienden que Bolsonaro todavía está dispuesto a tender puentes para que el Mercosur siga existiendo. En Brasil los industriales de San Pablo, principalmente, pero también integrantes de otras cámaras empresariales presionan para plegarse a las intenciones argentinas de una reducción progresiva del AEC.

(Presidencia)(Presidencia)

“Creemos que es a través de más integración regional y no de menos integración regional que estaremos en mejores condiciones de negociar y producir”, había planteado Alberto Fernández previamente aunque no hizo mención puntual al anuncio del gobierno de Luis Lacalle Pou que el día anterior a la cumbre comunicó su intención de negociar en forma unilateral, amplió: “La Argentina reafirma una vez más que ‘nadie se salva solo’ y que un Mercosur de corazón solidario es la nave insignia de su estrategia de integración”.

Paraguay, el otro integrante del mercado común, siempre vota en consonancia con Brasil. “Cualquier propuesta que hable de apartarse del Mercosur para nosotros es una propuesta inoportuna”, dijo su canciller Euclídes Acevedo en una entrevista reciente tras conocer la determinación de Uruguay. Significa una señal positiva para Alberto Fernández que mantiene una relación cordial con el presidente del vecino país, Mario Abdo Benítez.

Con Paraguay casi en la misma sintonía, entonces la meta argentina será trabajar para reestablecer los vínculos con Brasil, que ejercerá la presidencia pro témpore hasta diciembre y que intentará imponer su propia agenda, y con Uruguay. No quieren el aislamiento argentino en el Mercosur ni que desaparezca como bloque. ¿Será posible? Solo el tiempo dará una respuesta.