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La guerra narco desborda Rosario y tiñe de sangre a las ciudades satélites

El fenómeno narco que golpea a Rosario con ejecuciones a manos de sicarios y masacres en la calle, ahora empezó a contaminar a las ciudades satélites de esa metrópolis, en shock por la aparición de una violencia extrema sin antecedentes en esas comunidades.

Como una mancha envenenada, la disputa por el territorio entre grupos enemigos se trasladó a las ciudades de Funes, Pérez, Ibarlucea y las localidades del cordón industrial rosarino: San Lorenzo, Capitán Bermúdez, Puerto San Martín y Baigorria donde se dispararon los asesinatos brutales con el sello de las bandas que hasta hace poco operaban exclusivamente en Rosario. Una realidad que quedó en evidencia con el triple crimen de la boda narco, realizada en Ibarlucea.

 

La guerra entre el clan Alvarado y Los Monos es una de las pistas que sigue el fiscal Gastón Ávila para comprender el contexto del brutal asesinato de una pareja con su hijita de un año cuando se retiraban de la fiesta de casamiento de Esteban “Pinky” Rocha y Brisa Leguizamón, en un coqueto country de la localidad que limita al noroeste con Rosario.

La guerra narco por el territorio se trasladó a las ciudades de Funes, Pérez, Ibarlucea y las localidades del cordón industrial rosarino: San Lorenzo, Capitán Bermúdez, Puerto San Martín y Baigorria donde se dispararon las ejecuciones brutales, con el sello de las bandas que hasta hace poco operaban exclusivamente en Rosario.

 

Esteban Alvarado y Ariel “Guille” Cantero son los líderes de las dos bandas cuya rivalidad ha bañado de sangre Rosario. Están presos en penales federales pero eso no les privó impartir órdenes a sus lugartenientes. Según los investigadores, los novios respondían a Los Monos, mientras que la familia asesinada había trabajado para Alvarado pero se pasaron a la banda enemiga.

El hecho conmovió a la región por la brutalidad del triple homicidio. Maximiliano Giménez y Érica Romero fueron interceptados por una camioneta cuando dejaban el salón Campos de Ibarlucea y fueron acribillados a tiros junto a la hija de la pareja de apenas un año. El Audi TT en el que se trasladaban fue prendido fuego en un camino rural con el cuerpo de la mujer en su interior.

Esteban Alvarado, jefe narco enemigo de Los Monos.

 

A su vez, el múltiple crimen puso en evidencia la creciente penetración de las bandas en los municipios vecinos a Rosario, además de generar acusaciones cruzadas entre la justicia federal rosarina y la porteña por la excarcelación del novio de la boda, que debía estar en prisión al igual que su flamante esposa que cumplía domiciliaria.

 

Balaceras contra negocios gastronómicos y concesionarias como los ocurridos en Funes, renovaron las sospechas de la penetración de estos grupos que buscan ampliar el negocio tanto para la distribución de drogas como en los mecanismos de blanqueo de dinero.

El boom de la inversión inmobiliaria y el aumento de rosarinos que eligieron mudarse a Funes, transformaron a la ciudad jardín de casas de fin de semana, en un territorio próspero para el desembarco del dinero negro del narco.

 

El boom de la inversión inmobiliaria, muchas de lujo, y el aumento superlativo de rosarinos que eligieron mudarse a Funes, transformaron a la ciudad jardín, de casas de fin de semana, en un territorio próspero para los negocios lícitos y con ello, el desembarco del dinero negro al mismo tiempo que el consumo de drogas crece con el aumento de su población y por ende, la oferta.

En el caso de Ibarlucea, donde se cometió el triple homicidio, está sobre la Ruta Nacional N°34, que une a los puertos de Rosario con Bolivia, es un punto estratégico logístico para el tráfico de drogas donde llegan los cargamentos que luego se distribuyen a distintos puntos de Santa Fe o Buenos Aires, según reveló el periodista Germán de los Santos.

Guille Cantero, jefe de Los Monos luego del asesinato de Claudio “Pájaro” Cantero.

 

A partir del triple homicidio en la boda narco, los investigadores conectaron el atroz hecho con otros asesinatos ocurridos en la zona que dejaron al descubierto la guerra entre bandas como telón de fondo. Por lo pronto, el presidente de la comuna, Jorge Massón, publicó este lunes un twitt donde le recriminó al ex ministro de Seguridad del gobierno socialista, Maximiliano Pullaro, que nunca obtuvo equipamiento ni personal policial solicitado.

 

En el Cordón Industrial del Gran Rosario, donde tiene asiento el complejo portuario más importante de Argentina y uno de los más preponderantes del mundo, hace ya un par de años que la violencia extrema viene escalando a niveles inéditos para sus pequeñas localidades donde algunos de sus actores están vinculados a los clanes Alvarado o Cantero.

El común denominador de este desastre es el rol de la policía, señalada como cómplice del narcotráfico. Tanto en las causas de Los Monos como en las del Clan Alvarado hay agentes comprometidos. No es un tema excepcional: Más del 20 por ciento de los condenados por narcotráfico pertenecían a la policía santafesina.

Como el caso de Brandon Bay, un joven narco y jefe de la banda “Los Gorditos” con asiento en Capitán Bermúdez quien ordenó, desde la cárcel de Máximo Paz, asesinar a dos personajes muy menores del narcomenudeo para luego descuartizarlos y dejar los restos en distintos contenedores de basura del sur de Rosario: “como en Méjico”, le dijo Brandon al sicario según reveló conversaciones telefónicas que lo terminaron de incriminar.

Los restos del Audi TT donde asesinaron a Maximiliano Giménez, Érica Romero y a la hija de la pareja de un año a la salida de la boda narco. En su interior estaba el cuerpo carbonizado de Romero.

 

En Bermúdez, las balaceras entre “Los Gorditos”, una especie de franquicia de Los Monos, y otras bandas que responden a Esteban Alvarado se intensificaron durante el año pasado pero en los últimos meses disminuyó la violencia, señaló a LPO Anabela Tramontini, periodista local quien sigue atentamente las causas en los tribunales santafesinos.

San Lorenzo, la ciudad más importante del cordón industrial rosarino y reconocida por ser el lugar donde San Martín se enfrentó por primera vez al ejército realista en la Guerra por la Independencia, fue foco de atención por ser la ciudad donde Armando Traferri, actual senador, hizo su carrera política. Hace un año y medio que su nombre quedó vinculado a la “Causa del Jugo Clandestino” que tuvo inicio cuando sicarios atentaron a balazos contra el Casino City Center de Rosario y falleció una persona.

A partir de ese crimen, se destapó la existencia de una red criminal que involucraba a funcionarios judiciales, policías y políticos con Los Monos. La causa está empantanada y generó un gran problema político al interior del peronismo que aún no pudo resolverse.

 

Las razones por las cuales estas bandas deciden expandir sus negocios a otras localidades en gran medida se explican por la simple dinámica del mercado: ganar plazas donde colocar el producto y radicarse en localidades más chicas donde, al menos al principio, no tienen que sufrir la presión de la compoetencia.

 

Pero el común denominador de este desastre es el rol de la policía, señalada como cómplice del narcotráfico. Tanto en las causas judiciales de Los Monos como en la de Esteban Alvarado, hay agentes policiales comprometidos, algunos de ellos de alta jerarquía. No es un tema excepcional: Más del 20 por ciento de los condenados por narcotráfico pertenecían a la policía santafesina.

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