Joe Biden cumple este martes sus primeros seis meses en la Casa Blanca. Con un mundo dominado por la pandemia, el presidente estadounidense dio un profundo cambio de timón en materia social, económica y sanitaria en relación con el gobierno de Donald Trump, pero paradójicamente mantuvo hasta en sus más mínimos detalles la férrea posición de su antecesor en dos de los temas que dominan hoy el frente externo: China y Cuba.

Más allá de un regreso formal al multilateralismo, “en materia internacional lo fundamental para Estados Unidos es la relación con China y lo que se puede afirmar es que Biden sigue hasta en los detalles la política instaurada por Trump desde 2017 cuando formuló una estrategia de seguridad nacional que considera a China su principal rival geopolítico y una amenaza letal para sus intereses vitales”, afirmó a TN el analista internacional Jorge Castro.

Esta visión, según Castro, se da sobre todo con el dominio de las tecnologías avanzadas de la cuarta revolución industrial. “Esa estrategia sigue hasta en sus detalles la política de Trump hacia China”, apuntó.

Y añadió: “En el caso de Cuba es exactamente lo mismo. No ha modificado ninguna de las medidas que acentuaron las sanciones económicas contra la isla“ que enfrenta hoy protestas contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Joe Biden durante su último viaje a Bruselas (Foto: EFE/EPA/OLIVIER HOSLET).Por: EFE Servicios

El primer gran problema: la pandemia

Los primeros seis meses en el poder no fueron tranquilos para Biden, aunque detrás quedaron las denuncias de fraude de Trump y los disturbios en el Capitolio que golpearon los cimientos de la democracia estadounidense.

Al presidente demócrata le tocó asumir el enorme desafío de combatir la pandemia de coronavirus en medio de fuertes tensiones políticas y sociales que enmarcaron los últimos meses de la gestión de su antecesor republicano.

Así, este semestre ha impulsado una vacunación masiva contra el COVID-19 y dio un giro en las políticas sociales, aunque resta resolver el tema migratorio que tanto divide al país y en especial a demócratas y republicanos.

Biden no logró cumplir su promesa de vacunar al 70% de la población adulta para el 4 de julio, Día de la Independencia estadounidense, si bien estuvo cerca.

En esa fecha tenía inmunizada a más del 65% de los mayores de 18 años con al menos una dosis. Casi un 56% ya había completado el esquema de vacunación, lo que hizo caer los contagios en todo el país. Cuando llegó al poder solo el 8% de la población estaba vacunada.

Hoy los casos diarios se ubican en tormo a los 25 mil. El sábado se reportaron 222 muertos, aunque la irrupción de la variante Delta, sumado a la reticencia de un sector de la población a vacunarse, encendieron las alarmas epidemiológicas.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden (Foto: EFE).Por: EFE Servicios

“Varios frentes abiertos”

Michael Hanna, director del programa sobre Estados Unidos del International Crisis Group, dijo a TN que “Biden asumió el cargo en un momento de crisis en varios frentes internos”.

“Las tensiones sociales y políticas existentes que se aceleraron durante los años de Trump se vieron exacerbadas por una emergencia de salud pública casi sin precedentes y sus nefastos impactos económicos”, indicó.

Y añadió: “La victoria electoral de Biden parecía ser una decisión nacional para evitar el caos que caracterizó los años de Trump y los partidarios de Biden lo vieron como un regreso al liderazgo y competencia tradicionales”.

Para Hanna, el mandato de Biden era devolver al país a la normalidad, ante todo, abordando seriamente la pandemia y su costo económico: “También hay una conciencia incipiente entre algunos integrantes de su base de que la erosión democrática de los años de Trump representa ahora un riesgo continuo para la sostenibilidad de la democracia estadounidense”.

“Como tal, el enfoque de Biden ha sido comprensiblemente hacia adentro. Si bien hacer frente a la pandemia ha requerido cierto grado de cooperación internacional, el énfasis de su administración en la renovación estadounidense y su agenda legislativa dejan en claro que las principales prioridades son de naturaleza nacional”, indicó.

En ese sentido, Biden lanzó un ambicioso plan de estímulo y reconstrucción por 1,9 billones de dólares para “mejorar la vida de millones de norteamericanos” con un fuerte impulso a la creación de empleo y el rescate de la economía. También aprobó millonarios paquetes de ayuda fiscales y monetarias para combatir la pandemia.

El mandatario busca modernizar su país a través de un enorme plan de infraestructura con inversiones de dos billones de dólares en los próximos 8 años para generar millones de nuevos puestos de trabajo. Además, impulsó una reforma fiscal que busca obligar a rendir cuentas a las multinacionales que, según denunció, esquivaron el pago de impuestos federales.

Sin embargo, expertos empezaron a advertir que la economía muestra ya síntomas de recalentamiento y encienden las alarmas por la inflación tras esta batería de medidas. Los precios minoristas subieron 0,9% mensual en junio con una inflación interanual de 5,4%, la más alta desde agosto de 2008. Pero más allá de estas señales, el FMI vaticinó que el PBI crecerá este año 7%, la mayor tasa anual desde 1984.

Los principales desafíos

Hanna dijo que, de ahora en más, los dos principales desafíos son la intensidad de la polarización asimétrica en los Estados Unidos, que ha visto al Partido Republicano cada vez más radicalizado y, vinculado a eso, el obstruccionismo de la oposición en el Senado. “A pesar de su estrecha mayoría, gran parte de la agenda interna de Biden es rehén del obstruccionismo republicano. Sin algún tipo de reforma estructural, gran parte de su agenda no se realizará”, enfatizó.

En ese sentido, Jorge Castro llamó a tener en cuenta que “el actual actual sistema de poder que encabeza el gobierno demócrata se basa en un Congreso que es parte de una estructura de decisiones”.

“Y en este momento en la Cámara de Representantes el Partido Demócrata tiene una mayoría de 5 o 6 legisladores. Es la menor diferencia de los últimos 40 años. Y en el Senado la relación es de paridad absoluta con el Partido Republicano: 50 a 50. Esto quiere decir que todo depende de la vicepresidenta Kamala Harris en un eventual desempate”, indicó.

Castro advirtió que las encuestas y el mayor poder de recaudación de los republicanos “hacen pensar que hay una gran posibilidad de que el Partido Demócrata pierda el control de la Cámara de Representantes en las elecciones del año que viene”.

“Por ello el mayor desafío que enfrenta Biden en estos primeros seis meses y en los próximos dos años es de orden interno”, aseguró.