Esta semana, el radicalismo de Córdoba deberá tomar una decisión trascendental respecto de su futuro inmediato: si enfrenta orgánica y mayoritariamente a Luis Juez y al PRO, en la figura de Gustavo Santos; binomio que hasta aquí tiene decidido presentarse y condiciona a los radicales a “acomodarse” en los renglones inferiores de la boleta.

La oferta excluye a Mario Negri en la única candidatura posible para él, la de senador nacional. A cambio, el PRO le pide a los radicales que pongan en la balanza que, con lista de unidad y con acuerdo, obtendrían más bancas que las tres que renuevan: en los números “amarillos” serían entre cuatro y cinco, la de la mujer que secunde a Juez y las mujeres por debajo de Santos, a quien consideran un espécimen menor de la política cordobesa. La propuesta fue rechazada de plano. Es el “maltrato” del que se quejó públicamente Negri.

Preocupado por la lectura nacional de su decisión, Negri espera que los gestos de ruptura “evidentes” sean del PRO o de Juez, y que queden como evidencia “latente” de que él “hizo todo lo posible” para lograr la unidad; es decir, “que no se cortó solo”.

Sabe que el tiempo de no jugar ya se agotó, y que retirarse de la batalla tendrá costos internos para él, particularmente en la conducción del interbloque en Diputados. No sólo los enemigos, también los amigos le facturarán si, liderando todas las encuestas, no es candidato.

Sabe, además, que si vence al PRO en el distrito que le dio la presidencia a Macri y lo mantuvo vivo hasta la segunda vuelta en 2019, se garantizará una proyección nacional determinante en lo que viene para la coalición, e independiente de su calidad de jefe parlamentario.

La orden de los organismos del partido fue clara: el radicalismo debe liderar las boletas de Juntos por el Cambio, en un esquema que incluya a todos los sectores. Pero hay impugnaciones cruzadas entre Ramón Mestre y Rodrigo de Loredo, lo que dificulta el acuerdo radical. En medio de esas tensiones, Negri pidió que haya una “mixtura” en la lista, un gesto que marque la pertenencia de la UCR a Juntos por el Cambio.

Laura Rodríguez Machado

Para “mixturar”, hay poco margen: el tercer candidato a diputado o la segunda senaduría. Dos PRO que dejan sus bancas en diciembre están en la mira del radicalismo: Baldassi y Laura Rodríguez Machado. Son realidades distintas: el ex árbitro es inorgánico y no tiene que pedir permiso, mientras que la actual senadora se reporta al partido.

La presión interna en el radicalismo crece a medida que pasan las horas: el partido quiere vencer a Juez y ordenar al PRO bajo su liderazgo, casi una venganza de Gualeguaychú. La Juventud Radical y el Foro de Intendentes Radicales reclamaron a sus dirigentes esta jugada.

Si hay un punto en común en los análisis de los radicales es el convencimiento de que Juez será candidato a gobernador en 2023 en cualquier escenario, incluyendo el de la ruptura con Juntos por el Cambio. Entonces, ¿a qué le temen los radicales?

La relación de Juez y los radicales, y viceversa, es quizá la más patológica de la política cordobesa. Negri, Mestre y Oscar Aguad (suegro de De Loredo) lo enfrentaron y se asociaron a él de manera zigzagueante desde 2007 hasta 2019. En 2015, incluso, conformaron la cooperativa a nivel provincial y nacional, Juez se impuso en las Paso como candidato a senador, pero luego se bajó del Congreso y dejó Cambiemos para disputarle a Mestre la Municipalidad.

El colectivo albirrojo espera vengarse el 12 de septiembre, en la víspera de su cumpleaños número 58. Si sus dirigentes se desentienden, quizá no interpreten a sus conducidos o, como dijo Ernesto Sanz en Gualeguaychú, corran el riesgo de abandonar la vanguardia, la ubicación que le corresponde a los líderes político.