La economía en modo preelectoral muestra puntos de resistencias en diversos frentes. En actividad, después de una incipiente reactivación sobre el cierre de 2020, cuando había expectativas de control de la crisis sanitaria con la promesa de la llegada de millones de vacunas contra Covid-19 en muy poco tiempo, se ingresó en un ciclo de subibaja y con claros movimientos heterogéneos entre los diversos sectores de la producción y el comercio. En lo financiero, el crédito y los depósitos del sector privado no dan señales de crecer, y hasta caen en términos reales; y el índice de Riesgo País no supera la barrera de los 1.600 puntos básicos, pero tampoco perfora el piso de 1.550 pb. Y en mercado cambiario, las cotizaciones de los dólares financieros se afirman en la zona de 170 a 180 pesos.

En todos los casos, se observan índices que están muy lejos de alentar una perspectiva de reactivación tras la depresión de 2020, en el mejor de los casos consultores del sector privado, como economistas del oficialismo coinciden en esperar una recuperación parcial en el corriente y desaceleración en el próximo.

Con ese panorama, Infobae entrevistó a Miguel Kiguel, licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires y Ph.D en Economía de Columbia University, director Ejecutivo de Econviews, asesor académico de FIEL, ex Subsecretario de Financiamiento en el Ministerio de Economía, y uno de los economistas que consultan las empresas, quien destacó su preocupación por la falta de estrategia para comenzar a resolver los problemas estructurales y coyunturales que afectan a la economía y sociedad argentina: “no se me ocurre cómo se resuelven los problemas sin una estrategia integral. La idea original es que el plan iba a ser diseñado dentro del marco de un programa con el FMI, que se empezó a pergeñar ni bien asumió la presidencia Alberto Fernández en diciembre de 2019. Pero seguimos en la dulce espera y en el camino suben la pobreza y el desempleo, el riesgo país ronda los 1.600 puntos, la inflación no para y los problemas no se arreglan”. Y para peor, alertó “las reservas en el Banco Central son artilugios contables”.

 La economía ingresó en modo electoral con menos consumo (se derrumbaron las ventas de autos), más brecha cambiaria y drenaje de las reservas del BCRA ¿Esperaba ese cuadro para el comienzo del segundo semestre?

— Desde marzo de 2020 la actividad económica anduvo al ritmo que marcaban la pandemia y la cuarentena, que durante este período fue más determinante que la política monetaria y fiscal. Fue así que a partir del tercer trimestre del año pasado comenzó una recuperación en la actividad económica, la cual se mantuvo hasta abril de este año, cuando el Gobierno reimplantó las medidas sanitarias. Abril y mayo fueron meses recesivos, y a partir de junio se percibe una tenue recuperación, que ahora está acotada por la incertidumbre respecto de la política económica.

“No hay un plan que permita atacar en forma integral la pobreza, el nivel actividad y empleo, la falta de inversión, la inflación, el déficit fiscal, la escasez de reservas el acceso al crédito internacional y la brecha cambiaria”

Hoy no hay un plan que permita atacar en forma integral la pobreza, el nivel actividad y empleo, la falta de inversión, la inflación, el déficit fiscal, la escasez de reservas internacionales, el acceso del país al crédito internacional y la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y los paralelos.

El Gobierno parece no creer en planes, pero no se me ocurre cómo se resuelven los problemas sin una estrategia integral. La idea original es que el plan iba a ser diseñado dentro del marco de un programa con el FMI, que se empezó a pergeñar ni bien asumió la presidencia Alberto Fernández en diciembre de 2019. Pero seguimos en la dulce espera y en el camino suben la pobreza y el desempleo, el riesgo país ronda los 1.600 puntos, la inflación no para y los problemas no se arreglan. Me parece que llegó la hora de tomar el toro por las astas y diseñar un programa para sacar al país de la estanflación, o sea estancamiento con inflación.

"La idea original es que el plan iba a ser diseñado dentro del marco de un programa con el FMI, que se empezó a pergeñar ni bien asumió la presidencia Alberto Fernández en diciembre de 2019. Pero seguimos en la dulce espera"“La idea original es que el plan iba a ser diseñado dentro del marco de un programa con el FMI, que se empezó a pergeñar ni bien asumió la presidencia Alberto Fernández en diciembre de 2019. Pero seguimos en la dulce espera”

 Se observa más brecha cambiaria y drenaje de las reservas del BCRA ¿Esperaba ese cuadro para el comienzo del segundo semestre?

— Cuando asume el gobierno las reservas internacionales estaban flacas y la brecha cambiaria rondaba el 20%. Hoy estamos casi sin reservas en el Banco Central (se habla de que el país tiene USD 42.000 millones, pero casi todas son artilugios contables) y la brecha supera el 80%. En realidad, estamos en un círculo vicioso en el que aumentos en la brecha generan mecanismos perversos que llevan a que el Banco Central pierda dólares y a medida que las reservas caen la demanda de dólares paralelos aumenta y complica más la caída de reservas. Durante el primer semestre la situación mejoró algo gracias a que el precio internacional de la soja voló (como ayuda ese maldito yuyo), pero para lo que queda del año el panorama luce preocupante. Especialmente porque este es un año electoral, y como ocurre siempre los argentinos tendemos a comprar más dólares, con lo que hay más presión sobre el dólar paralelo y el círculo se vuelve más vicioso.

“Estamos en un círculo vicioso en el que aumentos en la brecha generan mecanismos perversos que llevan a que el Banco Central pierda dólares y a medida que las reservas caen la demanda de dólares paralelos aumenta”

 El ministro de Economía se concentró en controlar la situación financiera de la Tesorería, pero a la luz del aumento del Índice de Riesgo País pareciera que no conforma a los mercados ¿Qué piensa?

— Se pensaba que la reestructuración de la deuda iba a ser el primer paso para consolidar la baja en el riesgo país y achicar la brecha cambiaria. Pero pasó justo lo contrario, la brecha subió y los bonos argentinos estuvieron cada vez peor. El problema en la Argentina no son sólo las cuentas fiscales, lo que ocurre es que el mundo ya no nos cree y nos exige un “sobre esfuerzo” para volver a confiar. El mundo financiero apostó al gobierno de Macri porque pensó que era el cambio que se necesitaba para recuperar la confianza. Pero ese intentó fracasó, y ahora ya no sabe en qué o en quién creer. La construcción de credibilidad excede a una persona, a aun partido, y se ha vuelto un tema de Estado. Ya no creen en la Argentina, y no es casualidad que el FMI haya pedido que el próximo programa (que seguramente se acordará a principios del 2022) sea un programa que lo apoye todo el espectro político. La política fiscal ya no es el único ni el principal determinante del riesgo país. Ahora es la política económica en su conjunto.

 ¿El esperado auxilio de la emisión de DEG por parte del FMI operará como tal, o tendrá un efecto limitado?

— La emisión de Derechos Especiales de Giro fue un regalo del cielo que llegó en medio de la sequía, Son unos USD 4.300 millones que le permiten a la Argentina evitar un default con el fondo este año y cumplir un pago a cuenta que evita la cesación de pagos con el Club de París. Los fondos sólo alcanzan para eso, con lo cual sin duda tendrán un efecto limitado, pero le sirvió al país para no entrar en un debate sobre si pagarle o no a esas instituciones.

"El mundo financiero apostó al gobierno de Macri porque pensó que era el cambio que se necesitaba para recuperar la confianza. Pero ese intentó fracasó, y ahora ya no sabe en qué o en quién creer"“El mundo financiero apostó al gobierno de Macri porque pensó que era el cambio que se necesitaba para recuperar la confianza. Pero ese intentó fracasó, y ahora ya no sabe en qué o en quién creer”

 ¿El Banco Central tiene espaldas para controlar los mercados, o lo puede hacer con un costo elevado?

— Puede controlar el tipo de cambio oficial gracias a un super-cepo y tiene algo de poder de fuego para intervenir el mercado de contado con liqui, que es que realmente lo que le preocupa. Posiblemente tenga municiones para poder controlarlo hasta las elecciones, aunque seguramente aumentará la demanda de dólares como pasa siempre y tendrá que sacrificar reservas en el camino. El verdadero desafió lo va a enfrentar cuando se firme el acuerdo con el FMI, porque es un hecho de que va estipular que el BCRA no podrá intervenir en los mercados paralelos, con lo cual ahí sí el tipo de cambio reflejará las presiones de mercado.

 Dado que se ingresó en tiempo electoral, ¿qué margen cree que tiene el Gobierno, o al menos el equipo económico, para que no se agudice la recesión, y se frene la desaceleración de la inflación?

_ En principio la actividad económica debería mejorar a lo largo del año, y eso va a depender fundamentalmente de que no tengamos un nuevo evento sanitario. La salida de las restricciones impuestas por la pandemia ayudarán a la actividad económica, pero la pobreza seguirá alta y habrá poca creación de empleo, los salarios y las jubilaciones probablemente sigan perdiendo contra la inflación, y la inversión difícilmente mejore dadas las dudas que existen sobre la intervención del Estado, la creación de nuevos impuestos (que parece ser ilimitada) y el decepcionante clima de inversión. Seguramente va a ser una reactivación tibia y no deberíamos esperar, a pesar del estímulo fiscal que está poniendo en práctica el gobierno, que lleguemos a noviembre con una economía rozagante.

“El verdadero desafió lo va a enfrentar cuando se firme el acuerdo con el FMI, porque es un hecho de que va estipular que el BCRA no podrá intervenir en los mercados paralelos”

La inflación seguramente oscilará entre 3% y 3,5%. Difícilmente baje más porque existe una fuerte inercia que se refleja en aumentos de precios y salarios que buscan recomponerse y se ajustan en base a la inflación pasada y tampoco supere 3,5% porque el tipo de cambio, las tarifas, la nafta y otros precios claves seguirán empujando la inflación hacia abajo. Los precios estacionales, que son muy volátiles, pueden ser el factor que mueva la inflación por afuera de esos límites. Es cierto que la emisión monetaria va a aumentar en los próximos meses, pero no parece que vaya a tener un efecto determinante en el corto plazo. Seguramente aumentará en línea con lo que viene siendo la inflación anualizada, o sea alrededor del 50% anual.

 ¿Por qué la restructuración de la deuda inicialmente bajó el riesgo país sólo de 2.120 a 1.100 puntos básicos, y cómo se interpretan los actuales 1.600 puntos?

— El hecho de que la deuda esté en la zona de 1.600 puntos básicos indica que la restructuración del año pasado no fue exitosa. En los casos exitosos como Grecia o Ucrania el riesgo país cayó fuertemente después de la renegociación e incluso en la restructuración de la deuda de 2005 el riesgo país cayó a 250 puntos sólo dos años después de completada la transacción, niveles similares a los que tenía Brasil. No es el caso hoy, cuando triplicamos el riesgo país de Ucrania, o duplicamos el de Ecuador, que logró un acuerdo con los bonistas al mismo tiempo que Argentina. El elevado riesgo país refleja el cansancio del mercado con la Argentina y las señales ambiguas respecto de la voluntad de pagar la deuda, más que del tamaño de la misma. Medidas como el cepo que dificulta la acumulación de reservas internacionales, la reticencia a ir a un superávit fiscal primario y las dificultades en armar un plan económico dentro del marco de un programa con el FMI son el corazón del problema.

"El hecho de que la deuda esté en la zona de 1.600 puntos básicos indica que la restructuración del año pasado no fue exitosa"“El hecho de que la deuda esté en la zona de 1.600 puntos básicos indica que la restructuración del año pasado no fue exitosa”

 ¿Sería una buena estrategia incrementar la oferta de bonos, con más alternativas ajustables por el dólar?

— Los bonos dólar link que se ajustan de acuerdo a la variación del dólar oficial pero se pagan en pesos, son en general una buena alternativa para captar fondos, especialmente en una economía tan dolarizada como la argentina. El año pasado, después de pensarlo mucho, el Gobierno empezó a emitirlos y ayudaron a bajar las tasas de interés y la brecha cambiaria. Eran muy apetecidos en el mercado en ese momento. Hoy no existe esa demanda porque no esa espera una devaluación antes de las elecciones. Pero seguramente la demanda va a aumentar mucho después del 14 de noviembre y puede ser una buena alternativa para los bonistas y también para el Tesoro, especialmente si los emite a plazos largos.

 ¿Qué le inquieta más a los analistas financieros el aumento del riesgo país, la ampliación de la brecha cambiaria, o la persistencia de un alto ritmo de inflación?

— Los inversores rechazan el hecho que Argentina siempre quiera buscar atajos y no seguir las políticas que son generalmente aceptadas. Así crea una multitud de impuestos altamente distorsivos para financiar un gasto público que no tiene correlatos en otros países emergentes, que no tenga un programa anti-inflacionario que se parezca a otros que han sido exitosos en bajar la inflación, y que insista con recetas perimidas como el cepo cambiario.

“Los inversores rechazan el hecho que Argentina siempre quiera buscar atajos y no seguir las políticas que son generalmente aceptadas”

Dentro de ese contexto la política cambiaria afecta más al mercado de capitales que la inflación, fundamentalmente porque complica los movimientos de capitales y ha llevado a que muchos inversores hayan quedado atrapados con inversiones de las cuales no pueden salir. La inflación es claramente un problema, pero en la medida en que haya bonos con cláusula de ajuste CER resulta más manejable para las inversiones financieras.

 Los planes de estabilización de precios son resistidos por los políticos porque tienen altos costos en el corto plazo en términos de redistribución de ingresos, como estudioso del tema ¿Esa postergación es menos costosa para la economía?

— Bajar la inflación en general es costoso y lleva tiempo. Pero mucho depende de la estrategia de estabilización y del consenso social que exista respecto de la necesidad de hacerlo. Cuando la inflación se percibe como un problema serio, como por ejemplo en las hiperinflaciones, se frenan muy rápido y casi sin costos. De hecho, es común que esos casos cuando se estabilizan los precios las economías crecen muy rápido y casi no hay costos. Las estabilizaciones son más difíciles cuando no hay plan creíble y cuando no existe la decisión política de ponerlo al tope de los objetivos económicos. Muchas veces las llamadas políticas de ingresos o los pactos sociales ayudan en países que tienen inflaciones de dos dígitos; esos son los llamados planes heterodoxos. En Israel este tipo de programa funcionó muy bien y no hubo recesión, pero sólo dan resultados si están acompañados de políticas monetaria y fiscal restrictivas y cuentan con un nivel de reservas adecuado.

"Bajar la inflación en general es costoso y lleva tiempo. Pero mucho depende de la estrategia de estabilización y del consenso social que exista respecto de la necesidad de hacerlo. Cuando la inflación se percibe como un problema serio, como por ejemplo en las hiperinflaciones, se frenan muy rápido y casi sin costos"“Bajar la inflación en general es costoso y lleva tiempo. Pero mucho depende de la estrategia de estabilización y del consenso social que exista respecto de la necesidad de hacerlo. Cuando la inflación se percibe como un problema serio, como por ejemplo en las hiperinflaciones, se frenan muy rápido y casi sin costos”

 ¿Una reflexión final?

— No es la primera vez que el país está ante un panorama oscuro, ya pasó a fines de los ochenta cuando se venía de una década perdida que culminó con la terrible hiperinflación. También el panorama era desolador en la crisis del 2001, y parecía que no había salida. Pero en ambos casos se salió y las crisis permitieron tomar medidas que de otra manera hubieran sido inviables políticamente. Esta vez la crisis no es explosiva, pero es grave por los niveles de pobreza y el poco espacio que existe para utilizar las políticas monetaria y fiscal. Con visión y determinación se puede revertir, aunque todavía no parece haber consenso respecto de cómo enfrentarla.