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“Nadie se muere en Rosario sin que él lo decida”: audios de un testigo asesinado por un capo narco

“No vengo acá a hablar para desvincularme de nada. Todo lo contrario. Voy a relatar textualmente cómo sucedieron las cosas y cómo fue que yo quedé implicado en esto”. Esas fueron las palabras usó Carlos Argüelles a modo de introducción al declarar como testigo reservado contra Esteban Alvarado, su exjefe y uno de los máximos referentes de la temible mafia narco de Rosario.

Un año más tarde, el 6 de de septiembre de 2021, “Carlitos”, fue asesinado por sicarios.

El chapista había llegado al lado del capo en 2001, cuando comenzó a frecuentar entornos oscuros, asfixiado por la muerte de una hija. Alvarado, por su parte, necesitaba un experto que “disfrazara” los autos que su banda robaba para cometer una amplia gama de ilícititos. En poco tiempo se hicieron amigos.

Aunque el disparador del encuentro entre quien fuera confidente del narco y los agentes judiciales fue el homicidio de Lucio Maldonado, un prestamista que fue secuestrado y ejecutado en noviembre de 2018, “Carlitos” también dio detalles de la feroz y despiadada personalidad del capo que, en la actualidad, está siendo juzgado por una saga de crímenes y que podría estar involucrado en el triple crimen tras la boda narco, según una de las varias hipótesis que se manejan.

Ha matado tanta gente que no me sorprendía que venga y que diga ´va a morir tal persona´”. En la sala, lo escuchaban la jueza María Carrara, los fiscales Gisela Paolicelli, Luis Schiappa Pietra y Matías Edery. A su lado, el defensor público Martín Ricardi garantizaba que el mécanico conociera las consecuencias procesales que le traería el testimonio.

Esteban Alvarado, líder narco (Foto: archivo).
Esteban Alvarado, líder narco (Foto: archivo).

Argüelles tenía la voz quebrada. Por momentos, se lo notaba al borde del llanto. El silencio que acompañaba cada pausa que hacía en su relato delataba la conmoción que provocaba las atrocidades que detallaba al reducido grupo de personas que lo escuchaba.

Todo fue registrado en un video que fue difundido por primera vez en el juicio contra Alvarado, luego de permanecer resguardado en un pendrive, una medida solicitada por la fiscalía. Al audio completo, de más de tres horas, tuvo acceso TN.

Entre otras cosas, el arrepentido enumeró 40 crímenes que adjudicó al principal rival de Los Monos, habló de torturas con ácido y contó cómo el líder de la organización ganaba territorio. Por ejemplo, ordenaba a sus laderos tirar combustible dentro de bunkers enemigos y prender fuego a los dealers, que morían sin la posibilidad de escapar del horror.

“¿Cómo lo sé? Me lo dijo personalmente. En 2012, Alvarado ya se jactaba de haber matado a más de 100 personas. A veces, se mataba a alguien pero era un gil, ´pero sirve para el marketing´, decía él. Servía para que se sepa que Esteban estaba ahí”, amplió el chapista que aclaró: “Él manda a matar, porque si ve sangre, se desmaya”.

Dio cuenta, además, de la influencia de su examigo en la ciudad santafesina. “Acá nadie se muere si Esteban no decide que se muera”, ilustró. Y contó que sus tentáculos alcanzaban el interior de la fiscalía que lo investigaba por el homicidio del prestamista y la cobertura policial con la que contaba.

“Esteban, dejá de matar porque esto va a ser ojo por ojo, diente por diente”, el ruego de Carlos Argüelles a Alvarado

Argüelles, que fue testigo de la escalada de violencia de su examigo y la ola de asesinatos que desató en la ciudad santafesina, llegó a rogarle: “Esteban, dejá de matar porque esto va a ser ojo por ojo, diente por diente. Amigo por amigo, y vos no nos vas a poder defender. Dejá de matar. Él dijo que nadie le iba a faltar el respeto a él”.

Él siempre decía: ´Antes de que llore mi mamá, que llore la tuya´. La mamá murió hace rato pero igual sigue matando”, reveló sobre las charlas que mantenían cuando el narco iba a tomar mate al taller que usaba para trabajar.

El vehículo en el que se trasladaban los asesinos de Carlos Argüelles. (Foto: TN.com.ar).
El vehículo en el que se trasladaban los asesinos de Carlos Argüelles. (Foto: TN.com.ar).

El mecánico sentía un gran remordimiento debido a que no solo amigos suyos habían sido atacados y asesinados por orden de Alvarado, sino también que se vio implicado en las maniobras del narco para incriminar a uno de sus allegados al crimen de Maldonado, con el objetivo de desviar la investigación hacia el clan líderado por Ariel “Guille” Cantero.

Se trata de Rodrigo Ortigala, un exaliado de Alvarado que se acercó a Los Monos, luego de que una infidelidad marcara el fin de la relación: el amigo de Argüelles tuvo un romance con la esposa del capo.

“Ni los huesitos quedaron”, la confesión de Esteban Alvarado sobre un crimen

Argüelles, ahogado por la culpa, explicó por qué no tuvo salida: “Si yo hablabla con Rodrigo (sobre el plan para incriminarlo), Esteban se iba a enterar y si no accedía a sus peticiones iba a tener consecuencias. Es ahí donde quedé yo atrapado en esto”.

También habló de otro asesinato, previo y vinculado al de Maldonado: el de Cristian Enrique, un joven al que la banda de Alvarado secuestró, torturó hasta obtener el nombre del prestamista y, luego, ejecutó. “Me dice que estaban preparando a un sicario al que le estaba enseñando a matar y que iba como piña; que le puso una bolsa negra en la cabeza y que lo asfixiaron”.

También reveló qué dijo el capo cuando encontraron el cuerpo, en noviembre de 2018: “No van a saber nunca qué pasó, ni los huesitos quedaron”.

“Es una persona, hay una familia y hay una mamá atrás de este chico”, se lamentó el mecánico que protagonizó una fuga cinematógrafica junto a Alvarado en Paraguay, en el año 2004.

“Nadie está exento de que, en esta sociedad, un chico se te tuerza o sea víctima de estas células que lo único que hacen es traer muerte”, advirtió en referencia a las víctimas de las organizaciones narcocriminales que operan en Rosario.

“Yo a esta mochila la dejo hoy acá. No van a ganar nada matándome a mí, al contrario, se van a encontrar con un cuaderno mucho más grande”, concluyó sobre el testimonio. Sabía que estaba firmando su propia sentencia de muerte.

“Está creando un imperio de muerte, estamos a merced de él”

El chapista, que fue una de las personas más cercanas a Esteban Alvarado, estaba más que preocupado por la situación. “A esta persona por más que la condenen a 50 años y que le den 10 perpetuas, mientras él esté ahí y pueda manejar gente, va a seguir matando”, le dijo a la jueza y a los fiscales en tono de alarma.

Un hombre acribillado en Villa Gobernador Gálvez, mientras participaba del funeral de su hermano, también asesinado. (Foto: Télam).
Un hombre acribillado en Villa Gobernador Gálvez, mientras participaba del funeral de su hermano, también asesinado. (Foto: Télam).Por: GRANATA SEBASTIAN

Con “ahí”, Argüelles se refería a la cárcel de Marcos Paz, donde el narco permanece alojado. “Mientras ustedes están acá, él está creando un imperio, un arsenal de gente, imperio económico y de muerte. Ahora va a ser letal para todos, porque al verse condenado, no va a tener nada para perder”, advirtió.

“Tienen que hacer algo para aislarlo de la sociedad, porque si no, vamos a estar a merced de esta narcodictadura que él impuso”, agregó y cerró: “Es el asesino serial más grande de la República Argentina. Creánme”.

La carta de Carlos Argüelles antes de ser asesinado: “Nuestro silencio los hizo peligrosos”

“Carlitos” no tenía dudas que sería asesinado luego de haberse sentado frente a la Justicia para revelar los secretos del narco homicida. Por esa razón, al final de su declaración pidió leer una carta dirigida a quienes pueden torcer el sanguinario presente de Rosario, una ciudad que está acorralada por el narcotráfico.

La carta completa que Carlos Argüelles leyó al final de su declaración como testigo

“Este no es un juicio por un autito o por un robo que salió mal. A todos los imputados les digo: dejen de mirar para otro lado y miren bien qué es lo que se está juzgando hoy acá. Son personas, no números. Son vidas, no estadísticas.

Yo sé bien que muchos saben perfectamente de qué estoy hablando, pero elijen el silencio. Es fácil callar y mantenerse a un lado de todo esto. Creánme, para mí no lo es. Yo pienso en esas madres y esos hijos que se quedaron solos.

Piensen por un momento que es a ustedes a quienes le arrebatan un hijo, un hermano, un padre o a un ser querido. Pónganse en ese lugar por un momento. Yo les aseguro que su conciencia no los va a dejar tranquilos, a no ser que sean unos inconscientes. La conciencia es la presencia misma de Dios en el hombre.

Muchas son las camas que se quedaron vacías, muchos se quedaron esperando a que llegue su amado hijo o esposo. Su silencio es el motivo por el cual han callado para siempre tantas voces, han cerrado sus ojos, han tapado sus oídos frente al dolor y han sido indiferentes ante tanta muerte.

Me duelen tanto los actos violentos como el silencio de quienes callan aún siendo buenos. Qué le decimos a las familias que perdieron a un ser amado.

El silencio cómplice es y será siempre la primera arma que tienen los violentos. Ellos fueron peligrosos porque nosotros tuvimos miedo. Al final, nadie queda impune. Todo tiene su consecuencia”.

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