El carácter de Oscar Ruggeri dentro de una cancha de fútbol es más que conocido. Defensor férreo que raspa cuando el partido lo amerita, tiene un amplio historial recibiendo tarjetas de árbitros. En este caso, recordó una divertida anécdota en la que Mariano Closs lo invitó a jugar un encuentro en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y tardó muy poco tiempo en hacerse expulsar. Durante el cruce entre los programas F90 y F12 de ESPN, ambos estudios explotaron de la risa al escuchar la historia.

El Cabezón comenzó relatando la historia. “Por 15 minutos fui socio de GEBA. Me dieron el carnet, entré, jugué, me echaron y me fui. El carnet ni idea dónde quedó”, explicó mientras todos escuchaban atentamente. Y agregó: “Venía Nancy atrás en Libertador. Había una cola tremenda en la avenida y no llegaba a estacionar antes del partido. Y digo: ‘Nancy, me bajo en Libertador y me voy corriendo porque empieza el partido’. Entro, firmo un carnet que me dieron, pagué la inscripción, me cambié y me fui a jugar. Me echaron por nada”.

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A continuación, relató específicamente lo que sucedió en el partido. “Se estaban pegando, porque no sabes lo que pegan estos, y yo le dije al árbitro que era córner para nosotros. Voy a cabecear y el tipo dice ‘no, córner no. Saque de arco’. Ahí le digo que no, que tiraron la pelota ellos y que era córner. Me grita ‘¡saque de meta!’ y yo le digo: ‘¿Qué me gritas?’. Y me sacó la primera amarilla. Ahí lo puteé y me sacó la roja. Salgo del club y Nancy estaba por estacionar. ‘No estacionés que me echaron’, le dije. Y nos fuimos”, concluyó Ruggeri desatando las carcajadas de los presentes.

Ruggeri admitió su tristeza luego de que su hija se mude
Por otro lado, relató que su hija menor se fue de la casa y junto a Nancy quedaron solos después de que sus cuatro hijos se mudaran. “Es un tema, nos quedamos solos. La más chiquita, que va a cumplir 25, se fue. Te levantabas a la mañana y te cruzabas, compartías cosas. Ahora hay un silencio raro, uno no está acostumbrado. Pero un día saludó, hasta luego y listo”, explicó sobre lo que vivió en los últimos días.

Además, reconoció que un día agarró el auto y se fue a dar una vuelta por la zona adonde se mudó su hija de noche para ver qué tipo de movimiento había. “Tiene a alguien que la recibe en la puerta, eso me transmitió tranquilidad. Me gusta el lugar”, concluyó el Cabezón acostumbrándose a la vida del nido vacío.